¿Qué caracteriza a los diez exoplanetas hallados por el observatorio español CARMENES en la vecindad solar?

Decía el astrofísico y divulgador Carl Sagan que el ser humano habita un insignificante planeta de una triste estrella perdida en una galaxia sobre la olvidada esquina de un universo en el que hay muchas más galaxias que personas. Precisamente con esta misma conciencia de la existencia de otros cuerpos en el firmamento, los investigadores se han afanado durante siglos en encontrarlos y, ahora, un proyecto científico de once instituciones alemanas y españolas ha descubierto 59 exoplanetas en la vecindad solar, 10 de ellos potencialmente habitables.

La primera evidencia de la existencia de un exoplaneta se registró en 1917, pero nunca llegó a ser reconocida como tal. Hubo que esperar hasta 1992, hace ahora tres décadas, a que se detectase oficialmente el primero. En la actualidad, hay más de 5.300. A engrosar esta lista ha contribuido el proyecto CARMENES, basado en un instrumento homónimo que no ha dejado de buscar estos mundos fuera del Sistema Solar desde su puesta en marcha en 2016. El resultado lo publicó este miércoles la revista Astronomy & Astrophysics.

El descubrimiento ha sido posible gracias a esta herramienta, compuesta por dos espectrógrafos, uno en el rango visible y otro en el infrarrojo, según explica Pedro Amado, coinvestigador principal del consorcio CARMENES y uno de los autores de esta recopilación. «Cuando en 2016 comenzamos a apuntar al cielo, a observar estrellas, empezamos a detectar planetas. Este es el resultado», señala. El equipo lo han integrado más de 200 investigadores de 11 instituciones y lo ha coliderado el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), con participación del Instituto de Ciencias del Espacio (IEEC-CSIC) y del Centro de Astrobiología (CAB).

«Esto es un punto y seguido. Es una primera apertura a nuestros datos a todos los investigadores del mundo para que puedan producir más ciencia. Nosotros hemos sacado mucha. Con este artículo se demuestra. Hemos descubierto 60 planetas donde antes no había casi ninguno o, bueno, ahora hay mucho más de la mitad de los que había. Haciéndolos accesibles a toda la comunidad, queremos potenciar el avance en la ciencia, el conocimiento de los exoplanetas que puedan llevar a cabo otros grupos de investigación del mundo», apunta.

Exoplanetas potencialmente habitables

Entre los 59 exoplanetas hallados en este estudio, 10 son potencialmente habitables. Pero ¿qué implica esta definición? Implica que son «parecidos a la Tierra, rocosos, con una superficie dura y no gaseosos». Además, supone que se encuentran a una distancia de su estrella tal que la temperatura sobre su superficie está en un rango en el que podría permitir la presencia de agua líquida. «Solo eso, no significa nada más», precisa Amado.

«No sabemos si tienen atmósfera o, por lo menos, no lo sabemos en la gran mayoría de los casos. Ignoramos si puede existir realmente agua líquida en la superficie o no. No conocemos muchísimas cosas de esos planetas, pero en principio son potencialmente parecidos a la Tierra y podría haber agua en estado líquido en su superficie», recalca.

De esos mundos potencialmente habitables, dos orbitan a la estrella Teegarden, a 12,5 años luz de la humanidad; un par se encuentra en el sistema de la enana roja GJ 1002, a 16 años luz, y otro es Wolf 1069 b, en las proximidades de la estrella de baja masa M 5.0 V. Además, todos ellos cuentan con una masa similar a la Tierra.

Otros dos planetas de esta decena potencialmente habitable son dos ‘supertierras’ (hasta 10 masas terrestres): uno con un órbita excéntrica en torno a la enana M Gl 514 y otro es GJ 357, a 31 años luz. Otro se encuentra cerca de la estrella HD 180617 y tiene una masa similar a la de Neptuno, y el noveno tiene una masa algo inferior al anterior y se halla en el sistema de HN Lib. El décimo es K2-18 b, en el que se detectó vapor de agua en septiembre de 2019.

«Ahora bien, parece que hay uno más, un Neptuno en HD 147379. Algunos de estos planetas, por el tipo de orbita excéntrica (elipse) en vez de circular, entran y salen de la zona de habitabilidad», subraya Amado.

¿Y ahora?

Los datos publicados este miércoles abarcan desde 2016 hasta 2020, desde que el consorcio diseñó el instrumento, lo construyó y lo instaló en el observatorio. Tras obtener este conjunto de información, han continuado trabajando en un nuevo proyecto de Legado. «Estamos estudiando las atmósferas de algunos de esos planetas y mejorando el canal infrarrojo para poder conseguir una mejor precisión y mantener el instrumento a la vanguardia de la tecnología», detalla Amado.

«El proyecto que yo estoy considerando es intentar buscar planetas en las estrellas más frías. Estas son en general enanas M, objetos muy fríos, muy rojos. Si nos vamos al extremo, a las más pequeñitas, el canal visible prácticamente no sirve porque emiten en el infrarrojo», ahonda, con la esperanza de profundizar en el conocimiento del universo y arrojar luz sobre todos estos astros.

https://www.20minutos.es/noticia/5103733/0/caracteriza-exoplanetas-hallados-observatorio-espanol-carmenes-vecindad-solar/

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Sagitario A se ‘merienda’ una nube de gas 50 veces mayor que la Tierra ante los ojos de los astrónomos

La nube, que la gravedad del agujero negro central de nuestra galaxia ha estirado hasta convertirla en un filamento de 3.000 unidades astronómicas de largo, se destruirá totalmente en 2036

Está ocurriendo en tiempo real y ante la mirada atónita de los astrónomos. Una enorme nube de gas llamada X7, del tamaño de 50 Tierras, está siendo destrozada y devorada ‘en directo’ por Sagitario A*, el gran agujero negro central de nuestra galaxia.

Durante los últimos 20 años los astrónomos han observado con el Observatorio W. M. Keck, en Hawái, uno de los más poderosos del mundo, cómo la nube se iba acercando y cambiando de forma, estirándose más y más a causa de la gravedad del agujero negro a medida que se acercaba a su inevitable final. Una ‘agonía’ que en términos humanos podría considerarse lenta, pero que es un simple suspiro en las escalas temporales cósmicas.

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Las observaciones revelan que actualmente la nube se ha convertido en un largo filamento de 3.000 Unidades Astronómicas (UA) de largo (una UA equivale a 150 millones de kilómetros, la distancia entre el Sol y la Tierra) y que se está ‘enroscando’ cada vez más estrechamente alrededor de Sagitario A*. El estudio se acaba de publicar en ‘The Astrophysical Journal’.

«Es una oportunidad única – asegura Anna Ciurlo, autora principal del artículo- para observar los efectos de las fuerzas de marea del agujero negro en alta resolución, lo que nos da una idea de la física del entorno extremo del Centro Galáctico«. Las fuerzas de marea, causadas por la fuerte atracción gravitacional de Sagitario A*, son capaces de estirar cualquier objeto que se acerque al agujero negro; la gravedad es tan fuerte que el lado más cercano del objeto al ‘monstruo’ (ya se trate de una nube de gas, un ser humano o un planeta entero) es atraído con mucha más fuerza que el lado más alejado, lo que provoca su estiramiento, en un proceso que los científicos han llamado ‘espaguetización’.

«Es muy emocionante -dice por su parte Randy Campbell, coautor de la investigación- poder observar cambios significativos en la forma y la dinámica de X7 con tanto detalle y en una escala de tiempo relativamente corta, ya que las fuerzas gravitatorias del agujero negro supermasivo en el centro de la Vía Láctea influyen en este objeto«. Actualmente, X7 se encuentra en una trayectoria orbital alrededor de Sagitario A* que, de poder completarse, tardaría 170 años. Aunque todo apunta a que no tendrá tiempo de hacerlo.

No más allá de 2036

En palabras de Mark Morris, de la Universidad de California en Los Angeles y otro de los autores del estudio, «anticipamos que las potentes fuerzas de marea ejercidas por el agujero negro galáctico finalmente destrozarán a X7 antes de que pueda siquiera completar una órbita». Según se desprende de su trayectoria, el equipo estima que la desdichada nube se acercará mucho más al agujero negro alrededor del año 2036 para luego disiparse por completo en cuestión de poco tiempo. El gas y el polvo que constituyen X7 serán arrastrados hacia Sagitario A* y los investigadores creen que podrían causar algunos ‘fuegos artificiales’ a medida que se calientan y giran en espiral hacia el corazón del agujero negro.

El trabajo constituye la primera estimación de la trayectoria orbital de X7 y también el análisis más sólido hasta la fecha de los notables cambios en su apariencia, forma y comportamiento. Para observar X7, el equipo utilizó el espectrógrafo de imágenes infrarrojas OSIRIS y la cámara de infrarrojo cercano de segunda generación NIRC2 del Observatorio Keck, en combinación con los sistemas de óptica adaptativa de los telescopios Keck I y Keck II.

¿Un objeto G?

Según los autores del trabajo, X7 comparte algunas propiedades con otros objetos polvorientos que orbitan alrededor de Sagitario A* llamados ‘objetos G’, que parecen gas pero se comportan como estrellas. Sin embargo, la estructura, la forma y la velocidad de X7 han cambiado más rápida y bruscamente de como lo hacen en los objetos G. El filamento de gas y polvo, por ejemplo, se mueve mucho más rápido, registrando velocidades de hasta 800 km por segundo.

Con todo, el origen de X7 sigue siendo un secreto a la espera de ser resuelto, aunque los investigadores barajan algunas ideas al respecto. «Una posibilidad -dice Ciurlo- es que el gas y el polvo de X7 fueran expulsados en el momento en que dos estrellas se fusionaron. En un proceso de este tipo, la estrella fusionada se oculta en el interior de una capa de polvo y gas, lo que podría encajar en la descripción de los objetos G. Y el gas expulsado tal vez produjo objetos similares a X7».

Por supuesto, los investigadores seguirán observando X7 hasta el final, y estudiando paso a paso cómo la enorme gravedad de Sagitario A* lo está destrozando día a día. «Es un privilegio -afirma Campbell- poder estudiar el ambiente extremo del centro de nuestra galaxia».

https://www.abc.es/ciencia/sagitario-merienda-nube-gas-veces-mayor-tierra-20230227131222-nt.html

Jeff Bezos llega al espacio: un pequeño paso hacia grandes sueños espaciales

El primer lanzamiento tripulado del New Shepard transportó a Bezos, su hermano y las personas más anciana y más joven que han ido al espacio: la pionera de la aviación de 82 años Wally Funk y un estudiante neerlandés de 18 años.

Esta mañana, mientras el sol salía sobre un puerto espacial privado en una zona rural de Texas, un cohete de seis etapas encendió motores y despegó, transportando una nave con cuatro personas a bordo: los primeros pasajeros que viajan en el cohete New Shepard de Blue Origin. El cohete voló hacia las estrellas y, a unos 76 200 metros de altitud, la cápsula de la tripulación se separó del cohete y continuó hacia el límite de la atmósfera, mientras que el cohete cayó a la Tierra y ejecutó un aterrizaje vertical controlado.

Mientras la cápsula ascendía, los miembros de la tripulación se desabrocharon los cinturones y flotaron en ingravidez durante unos minutos, gritando con entusiasmo mientras disfrutaban de las vistas por las ventanas. A 107 040 metros, no en órbita pero muy por encima de la línea de 100 kilómetros que marca la frontera del espacio reconocida a nivel internacional, la cápsula empezó a caer. Unos diez minutos después del lanzamiento, los paracaídas la ayudaron a aterrizar sana y salva en la Tierra.

La nave transportaba a una tripulación irregular conforme a los estándares de los vuelos espaciales. Uno de los pasajeros era Jeff Bezos, fundador de Blue Origin y que actualmente es la persona más rica del mundo. Su hermano Mark le acompañó en el vuelo inaugural. También viajó una persona que quizá eclipse a los hermanos Bezos, al menos para los que conozcan historia aeroespacial: Wally Funk, una aviadora de 82 años que ha soñado con ser astronauta desde los primeros días del programa de vuelos espaciales humanos de la NASA. Entrenó para ser astronauta y superó a los siete hombres elegidos para el programa Mercury en muchas de las pruebas, pero no tuvo la oportunidad de ir al espacio.

«¡Está oscuro aquí arriba!», exclamó Funk mientras flotaba en el espacio.

El cuarto tripulante era Oliver Daemen, un joven holandés de 18 años, que se ha convertido en la persona más joven que ha viajado al espacio. El padre de Daemen pagó una cantidad no revelada para que su hijo experimentara la ingravidez, viera el cielo oscuro y contemplara el horizonte curvo de la Tierra durante unos minutos.

«Llevo años esperando para ver cuándo se van a decidir a llevar humanos al espacio», dice Laura Seward Forczyk, fundadora de la consultora aeroespacial Astralytical, sobre Blue Origin. «Está bien que al fin hayan decidido que este es el momento; han tenido este plan durante años, así que se veía venir».

Un pequeño paso hacia un gran sueño

El vuelo de 10 minutos de ayer martes marca un hito para Blue Origin. La empresa ha sido relativamente reservada acerca del desarrollo de su nave comparada con los rivales del sector SpaceX, fundada por Elon Musk, y Virgin Galactic, dirigida por Richard Branson. Como esta última, que llevó a Branson al espacio el 11 de julio, Blue Origin planea ofrecer vuelos a clientes a bordo del New Shepard a partir de finales de este año. Esos vuelos permitirán que hasta seis personas a la vez experimenten la breve emoción de un viaje al espacio, que incluye unos cuatro minutos de ingravidez.

Se desconoce cuál será el precio de tal oportunidad, pero Blue Origin afirma que tiene una lista de pasajeros esperando su turno para realizar este viaje parabólico. Uno de ellos es un cliente anónimo que pujó 28 millones de dólares para poder volar en su vuelo inaugural, pero tuvo que posponer el viaje al espacio en el último minuto por «conflictos de horario», dijo la compañía.

Blue Origin también tiene proyectos más elevados en espera. La empresa está diseñando un aterrizador lunar y un cohete más grande, llamado New Glenn, que podría transportar a humanos a la órbita de la Tierra y más allá, al reino de las estaciones espaciales y los satélites, de los paseos espaciales y los futuros extraterrestres imaginados.

Bezos ha dicho que fundó Blue Origin porque quiere ayudar a crear un futuro en el que millones de personas vivan en el espacio, residiendo en mundos rotatorios y exuberantes en órbita. Enviar a pasajeros en vuelos suborbitales es un primer paso lógico acorde con esa visión, dice la analista del sector Carissa Christensen, fundadora y consejera delegada de Bryce Space and Technology, una empresa de consultoría aeroespacial.

«Me tomo de forma muy literal lo que Jeff Bezos ha dicho públicamente, que realmente cree en la importancia y el valor del acceso de los humanos al espacio, de ampliar y expandir ese acceso, de permitir un futuro en el que las personas vivan y trabajen en el espacio», afirma Christensen. «Jeff Bezos podría invertir su tiempo y su riqueza de muchas formas», señala, pero ha optado por «invertir sus finanzas personales en el lanzamiento de una empresa».

Sin embargo, los críticos enseguida señalan que ni Blue Origin ni Virgin Galactic amplían realmente el acceso al espacio con estos vuelos al espacio, al menos no por ahora. Estas primeras tripulaciones están compuestas por personas extremadamente ricas y sus invitados, y muchos expertos cuestionan si dichos vuelos suborbitales son solo un paseíto para los ultrarricos. Al fin y al cabo, ¿cómo va a ser accesible el espacio si el precio de un billete es astronómico?

«El espacio sigue siendo un lugar de élite, un lugar al que es difícil llegar, que es imposible de alcanzar para el 99 por ciento de los humanos y que solo están cambiando los gustos de la élite», afirma el historiador espacial Jordan Bimm, de la Universidad de Chicago. «Si en los años sesenta se necesitaba “lo que hay que tener”, ahora solo hace falta tener los amigos adecuados o las cuentas bancarias adecuadas. No es la visión utópica del espacio que algunas personas transmiten ahora, en mi opinión».

El origen de Blue Origin

Bezos fundó Blue Origin en el 2000, pero la empresa pasó desapercibida hasta que el fundador de Amazon escogió un lugar para construir un puerto espacial: el desierto escasamente poblado al norte de Van Horn, en Texas, un pueblo de unos 2000 habitantes que es la sede del condado de Culberson. En 2003, los ganaderos locales empezaron a recibir llamadas persistentes de un abogado de Seattle que representaba a un cliente anónimo que quería comprar sus tierras y que parecía tener bolsillos sin fondo. Algunos se resistieron hasta que las ofertas se volvieron demasiado lucrativas para rechazarlas. Para 2005, Bezos había acumulado casi 67 000 hectáreas en la región (una superficie que hoy casi se ha duplicado) y llamó la propiedad «Corn Ranch».

Ese mismo año, visitó Van Horn y reveló su gran diseño para el lugar al norte del pueblo, sorprendiendo a los residentes con su idea de un puerto espacial. Desde ahí, dijo Bezos, se lanzaría una nueva nave espacial y serviría como paso en su meta final de enviar a millones de humanos a vivir y trabajar en el espacio. 

John Conoly, juez del condado de Culberson, quedó impresionado. «Estoy segurísimo de que el mundo hará lo que él diga que hará», contó Conoly a The Associated Press en 2005. «Sé que va a contar con algunas de las mentes más brillantes para este proyecto. No lo hace a medias ni en segunda clase». 

Paso a paso

Avancemos hasta hoy. Salvo por unos cuantos astronautas en la Estación Espacial Internacional, los humanos todavía estamos firmemente plantados en este planeta. La misma aura de misterio y determinación sigue caracterizando a Blue Origin, aunque la empresa ha hecho algunas previsiones públicas sobre cuándo alcanzaría cada hito. El vuelo de ayer, por ejemplo, estaba previsto originalmente para 2018.

Es solo uno de muchos plazos vencidos. Pero Blue Origin sigue adelante.

«Veo a Jeff Bezos adoptando una especie de enfoque paciente, en el que no quiere la ostentación que se ve en Branson o Musk. Se contenta con mantener los fallos en secreto y producir una victoria tras otra, esperando que se convierta en algo imparable», dice Bimm. «Creo que hay que mirar al desarrollo de Amazon y su trabajo lento y constante y bajo la superficie que acabó por convertirse en un monstruo».

Como corresponde, el lema de Blue Origin es gradatim ferociter, que significa «paso a paso, de forma feroz». Su mascota es una tortuga, quizá en referencia al reptil perseverante que superó a la veloz liebre.

En noviembre de 2015, la empresa logró una victoria inesperada contra SpaceX cuando consiguió aterrizar de forma vertical el propulsor de un cohete por primera vez en la historia, un paso importantísimo hacia la reusabilidad, que es clave en la visión de la compañía. 

Incluyendo ese primer aterrizaje, el New Shepard ha logrado 15 vuelos y 14 aterrizajes con tres propulsores, uno de los cuales ha volado siete veces. Esos vuelos llevaron decenas de cargas útiles científicas y educativas a la frontera del espacio, entre ellas investigaciones sobre los efectos de la microgravedad en la expresión genética, las células y los tejidos. Blue Origin también ha lanzado cargas útiles artísticas, entre ellas dos proyectos producidos en colaboración con el grupo OK Go.

Como el vuelo de hoy, los propulsores de estos vuelos pasados clavaron sus aterrizajes y las cápsulas de tripulación volvieron a la Tierra, aterrizando en tierra como han hecho las naves Soyuz rusas desde los años sesenta. Mientras Blue Origin trabaja hacia el lanzamiento de vuelos orbitales, la empresa sigue una trayectoria establecida por la NASA al comienzo de la era espacial humana, primero dirigiéndose al espacio suborbital, después a la órbita, y después intentando misiones ambiciosas, como construir estaciones espaciales o volar a la Luna.

«Es un poco como regreso al futuro», dice Jennifer Levasseur, historiadora espacial del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsoniano, que hace poco recibió una donación de 200 millones de dólares de Bezos. «Hemos recorrido este camino antes en términos de aumentar la capacidad de los cohetes. Este no es un territorio nuevo».

Blue Origin también está trabajando en un motor de cohete llamado BE-4 que vendió a la empresa de lanzamiento United Launch Alliance (ULA), aunque supuestamente ULA está frustrada por los retrasos en las entregas.

El motor BE-4 también es clave para el anticipado cohete de Blue Origin, New Glenn, un vehículo de dos etapas y casi 100 metros que se está construyendo en una fábrica construida por Blue Origin a las afueras de cabo Cañaveral, en Florida, en 2016. Tras varios retrasos, el primer vuelo del New Glenn está previsto para 2022. 

Tanto el New Shepard como el New Glenn llevan los nombres de astronautas de la NASA que lograron hitos importantes en el programa Mercury: Alan Shepard, el primer astronauta estadounidense que viajó al espacio suborbital, y John Glenn, el primer estadounidense que orbitó alrededor de la Tierra.

«Está claro que Bezos está inmerso en el componente histórico de lo que hace», dice Levasseur. «Ha invertido millones de dólares para apoyar la misión de recuperar partes del vehículo de lanzamiento Apolo del fondo del océano Atlántico. He visto algunas de esas piezas en el museo el otro día y he reflexionado al respecto, y la verdad es que hay un largo rastro de pruebas sobre dónde hemos acabado hoy en términos de lo que esta persona específica quería lograr».

Hasta que Wally Funk despegó en el vuelo de ayer, John Glenn también era la persona de más edad que ha visitado el espacio, habiendo volado a bordo del transbordador espacial Discovery en 1998 a los 77 años. En los años sesenta, Funk superó a Glenn en muchos de los ejercicios que completó cuando entrenaba para el vuelo espacial como parte de un programa privado. Funk y una docena de mujeres apodadas las «13 de Mercurio» participaron en y aprobaron las mismas pruebas rigurosas que los «7 de Mercurio» de la NASA, pero la agencia espacial no aceptaba a las mujeres como astronautas.

«Le negaron la oportunidad de viajar al espacio muchas veces porque era una mujer en una época en la que discriminaban a las mujeres», dice Forcyzk. «Verla volar al espacio en este vuelo de Blue Origin será muy inspirador para mucha gente que ha seguido la historia de las 13 de Mercurio y que saben la gran injusticia que fue». 

Construyendo un futuro para todos en el espacio

Vivimos en una época en la que emprendedores ricos y programas espaciales gubernamentales influyen en el futuro extraterrestre de la humanidad. Musk, Bezos y Branson tienen sendas visiones sobre ese futuro. Para Musk, está en Marte; para Bezos, está más cerca de la Tierra.

Pero hacer realidad esos sueños está siendo difícil, y no solo por la tecnología. Ahora mismo, la barrera para acceder es astronómica y el espacio sigue siendo el entorno de los ricos y las élites, dice Bimm. Aunque Blue Origin todavía no ha anunciado el precio de sus vuelos, Virgin Galactic ha promocionado asientos a 250 000 dólares, y se prevé que la empresa, que dice que se han reservado al menos 600 billetesaumentará el precio.

«Hemos llevado a cabo una serie de estudios que revelan que hay un nivel de demanda considerable, lo que significa al menos cientos de personas cada año al precio de 250 000 dólares», dice Christensen, cuya investigación analiza el mercado futuro de los vuelos suborbitales. De hecho, hay «potencial para mucho más que eso, para miles de personas al año, si baja el precio».

No cabe duda de que los primeros pasajeros de estos vuelos serán predominantemente blancos y ricos. Como señala Levasseur, las personas ricas siempre han optado por viajes caros y exóticos, ya sea a la Antártida, el fondo del mar o la cima del Everest.

Sin embargo, el espacio posee connotaciones diferentes a los destinos terrestres, sobre todo si las futuras misiones comerciales pasan de ser viajes de placer a la construcción de un futuro permanente entre las estrellas.

«¿Quién va a ir al espacio y qué significa, y qué dice sobre nosotros, las sociedades que llevamos a estas personas al espacio?», pregunta Bimm. «¿Realmente creen que el espacio es para toda la humanidad? ¿En qué basan esta idea utópica del vuelo espacial, realmente?».

Las respuestas a estas preguntas podrían surgir a medida que continúen los vuelos comerciales suborbitales, pero por ahora el sector está despegando. Bimm y otros expertos afirman que será importante prestar atención a los manifiestos de pasajeros para ver cómo evolucionan y ver si algunos de estos primeros vuelos incluyen esfuerzos para ser más inclusivos.

También es posible que los vuelos suborbitales comerciales no resulten tan atractivos como esperan estos emprendedores y que estas empresas se derrumben. Pero aunque ocurra eso, las ideas de la vida en el espacio persistirán. Siempre lo han hecho. Y Bimm dice que es clave que aquellos con grandes sueños reconozcan que construir una existencia en el espacio comienza aquí en la Tierra, que los humanos que floten por la estaciones espaciales del futuro o contemplen los atardeceres marcianos azules no podrán huir de los problemas de la Tierra.

«El espacio no es un lugar transformador», dice Bimm. «Es un lugar en el que todos los problemas de la Tierra se reproducirán o amplificarán, y necesitamos ser conscientes de eso. No podemos verlo todo de color de rosa».

https://www.nationalgeographic.es/espacio/2021/07/jeff-bezos-llega-al-espacio-un-pequeno-paso-hacia-grandes-suenos-espaciales

Estas 6 galaxias encontradas son tan antiguas que no pueden ser explicadas por la ciencia

Unos objetos astronómicos descubiertos por el telescopio espacial James Webb (JWST) tienen a los astrónomos confundidos debido a su enorme tamaño. Es la primera vez que se han observado galaxias tan grandes y tan cercanas al Big Bang.

Seis objetos descubiertos por el telescopio espacial James Webb parecen ser seis galaxias masivas y bien formadas que aparecieron entre 500 y 700 millones de años después del Big Bang, lo que contradice la comprensión actual de cómo se formaron las primeras galaxias.

Las seis galaxias tienen más de 12 000 millones de años (solo entre 500 y 700 millones de años después del Big Bang), y alcanzan tamaños de hasta 100.000 millones de veces la masa de nuestro sol.

De hecho, los modelos cosmológicos actuales sugieren que no había suficiente tiempo para que crecieran hasta tal estado de madurez. Esto sugiere que falta uno o dos pasos clave en la comprensión de la evolución del Universo.

TAMBIÉN PODRÍAN SER AGUJEROS NEGROS

Los objetos fueron detectados en observaciones infrarrojas realizadas por el JWST, y por el momento los astrónomos han estado revisando su trabajo en busca de errores. Pero si se confirmara la existencia de estas galaxias, podría ser necesario revisar nuestra comprensión de la cosmología y la formación temprana de galaxias.

Como alternativa, es posible que los objetos no sean galaxias, sino otra cosa, como agujeros negros supermasivos de un tipo nunca antes visto. Pero, incluso aceptando esta conjetura, la cantidad de masa concentrada en un lugar sigue siendo difícil de explicar tan temprano en el Universo. De momento, pues, queda ser cautelosos con el hallazgo.

https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/estas-galaxias-encontradas-son-tan-antiguas-que-no-pueden-ser-explicadas-por-ciencia_19574

Hallan un planeta oculto a 87,5 años luz tipo Júpiter y que orbita la estrella AF Leporis

Dos grupos de astrónomos, uno de Italia y otro de Chile, han encontrado un planeta oculto tipo Júpiter que orbita la estrella AF Leporis y que está a 87,5 años luz. 

Sendos grupos liderados por Dino Mesa (INAF, Italia) y Robert De Rosa (ESO, Chile) estudiaron catálogos de estrellas obtenidos con los satélites Hipparcos y Gaia, de la Agencia Espacial Europea. Las observaciones se hicieron con el instrumento SPHERE en el Very Large Telescope (VLT) de ESO, en Chile.

Imágenes directas de un nuevo exoplaneta a 87,5 años luz
Imágenes directas de un nuevo exoplaneta a 87,5 años luz

A lo largo de los años, estas dos misiones espaciales han identificado con precisión la posición y el movimiento de las estrellas de nuestra galaxia con la técnica de la astrometría. Los planetas ejercen un tirón gravitatorio sobre sus estrellas anfitrionas, perturbando su trayectoria en el cielo. Los dos equipos descubrieron que la estrella AF Leporis exhibía una trayectoria alterada, señal reveladora de que podía haber un planeta oculto.

A medida que los dos grupos observaron más de cerca este sistema con el VLT, lograron obtener imágenes directas del planeta. Ambos utilizaron el instrumento SPHERE, que corrige el desenfoque causado por la turbulencia atmosférica usando óptica adaptativa, y también bloquea la luz de la estrella con una máscara especial, desvelando la presencia del planeta cercano. Descubrieron que es solo unas cuatro veces más masivo que Júpiter, lo que lo convierte en el exoplaneta más ligero detectado con el uso combinado de mediciones astrométricas e imágenes directas.

El sistema AF Leporis comparte características similares con nuestro Sistema Solar. La estrella tiene aproximadamente la misma masa, tamaño y temperatura que el Sol, y el planeta la orbita a una distancia similar a la que existe entre Saturno y el Sol.

El sistema también tiene un cinturón de escombros con características similares al cinturón de Kuiper. Dado que el sistema AF Leporis tiene solo 24 millones de años (es unas 200 veces más joven que el Sol) estudiarlo puede arrojar luz sobre cómo se formó nuestro propio Sistema Solar.

Fuente: https://www.20minutos.es/noticia/5103325/0/hallan-planeta-oculto-tipo-jupiter-que-orbita-la-estrella-af-leporis-a-87-5-anos-luz/

¿Qué caracteriza a los diez exoplanetas hallados por el observatorio español CARMENES en la vecindad solar?

Decía el astrofísico y divulgador Carl Sagan que el ser humano habita un insignificante planeta de una triste estrella perdida en una galaxia sobre la olvidada esquina de un universo en el que hay muchas más galaxias que personas. Precisamente con esta misma conciencia de la existencia de otros cuerpos en el firmamento, los investigadores se han afanado durante siglos en encontrarlos y, ahora, un proyecto científico de once instituciones alemanas y españolas ha descubierto 59 exoplanetas en la vecindad solar, 10 de ellos potencialmente habitables.

La primera evidencia de la existencia de un exoplaneta se registró en 1917, pero nunca llegó a ser reconocida como tal. Hubo que esperar hasta 1992, hace ahora tres décadas, a que se detectase oficialmente el primero. En la actualidad, hay más de 5.300. A engrosar esta lista ha contribuido el proyecto CARMENES, basado en un instrumento homónimo que no ha dejado de buscar estos mundos fuera del Sistema Solar desde su puesta en marcha en 2016. 

El descubrimiento ha sido posible gracias a esta herramienta, compuesta por dos espectrógrafos, uno en el rango visible y otro en el infrarrojo, según explica Pedro Amado, coinvestigador principal del consorcio CARMENES y uno de los autores de esta recopilación. «Cuando en 2016 comenzamos a apuntar al cielo, a observar estrellas, empezamos a detectar planetas. Este es el resultado», señala. El equipo lo han integrado más de 200 investigadores de 11 instituciones y lo ha coliderado el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), con participación del Instituto de Ciencias del Espacio (IEEC-CSIC) y del Centro de Astrobiología (CAB).

«Esto es un punto y seguido. Es una primera apertura a nuestros datos a todos los investigadores del mundo para que puedan producir más ciencia. Nosotros hemos sacado mucha. Con este artículo se demuestra. Hemos descubierto 60 planetas donde antes no había casi ninguno o, bueno, ahora hay mucho más de la mitad de los que había. Haciéndolos accesibles a toda la comunidad, queremos potenciar el avance en la ciencia, el conocimiento de los exoplanetas que puedan llevar a cabo otros grupos de investigación del mundo», apunta.

Exoplanetas potencialmente habitables

Entre los 59 exoplanetas hallados en este estudio, 10 son potencialmente habitables. Pero ¿qué implica esta definición? Implica que son «parecidos a la Tierra, rocosos, con una superficie dura y no gaseosos». Además, supone que se encuentran a una distancia de su estrella tal que la temperatura sobre su superficie está en un rango en el que podría permitir la presencia de agua líquida. «Solo eso, no significa nada más», precisa Amado.

«No sabemos si tienen atmósfera o, por lo menos, no lo sabemos en la gran mayoría de los casos. Ignoramos si puede existir realmente agua líquida en la superficie o no. No conocemos muchísimas cosas de esos planetas, pero en principio son potencialmente parecidos a la Tierra y podría haber agua en estado líquido en su superficie», recalca.

De esos mundos potencialmente habitables, dos orbitan a la estrella Teegarden, a 12,5 años luz de la humanidad; un par se encuentra en el sistema de la enana roja GJ 1002, a 16 años luz, y otro es Wolf 1069 b, en las proximidades de la estrella de baja masa M 5.0 V. Además, todos ellos cuentan con una masa similar a la Tierra.

Otro de los planetas de esta decena potencialmente habitable es una ‘supertierra’ (hasta 10 masas terrestres) con un órbita excéntrica en torno a la enana M Gl 514, otro es un planeta con una masa similar a la de Neptuno cerca de la estrella HD 180617 y el octavo tiene una masa algo inferior al anterior en el sistema de HN Lib.

¿Y ahora?

Los datos publicados este miércoles abarcan desde 2016 hasta 2020, desde que el consorcio diseñó el instrumento, lo construyó y lo instaló en el observatorio. Tras obtener este conjunto de información, han continuado trabajando en un nuevo proyecto de Legado. «Estamos estudiando las atmósferas de algunos de esos planetas y mejorando el canal infrarrojo para poder conseguir una mejor precisión y mantener el instrumento a la vanguardia de la tecnología», detalla Amado.

«El proyecto que yo estoy considerando es intentar buscar planetas en las estrellas más frías. Estas son en general enanas M, objetos muy fríos, muy rojos. Si nos vamos al extremo, a las más pequeñitas, el canal visible prácticamente no sirve porque emiten en el infrarrojo», ahonda, con la esperanza de profundizar en el conocimiento del universo y arrojar luz sobre todos estos astros.

https://www.20minutos.es/noticia/5103733/0/caracteriza-exoplanetas-hallados-observatorio-espanol-carmenes-vecindad-solar/

Los astrónomos no entienden por qué la fusión de dos estrellas de neutrones crea una explosión esférica y perfecta

Representación artística de dos estrellas de neutrones que se fusionan y explotan como una kilonova.

Miremos a las estrellas (que siempre viene bien para recordar nuestra pequeñez cósmica). Quienes de ellos se ocupan llaman kilonova al fenómeno en el cual dos estrellas de neutrones se fusionan a partir de un sistema binario.

Las kilonovas son una de las mayores explosiones que acontecen en el universo y crean las condiciones físicas más extremas del cosmos. Los astrónomos también las llaman macronovas o proceso de supernova tipo r.

Antes de seguir, aclaremos. Una estrella de neutrones es el resultado de la muerte de una estrella supergigante masiva (una que ya agotó su combustible), que explota como una supernova. Y un sistema binario es el que forman dos objetos astronómicos que se encuentran tan próximos entre sí que están ligados por su fuerza gravitatoria.

Hablamos de las kilonovas porque una de estas explosiones es noticia. Los científicos han detectado la fusión de dos estrellas de neutrones que ha creado una explosión cósmica esférica, una explosión «perfecta». Pero los astrónomos dicen que «no tiene sentido», al menos, según lo que hasta ahora sabía la ciencia.

En realidad, los astrónomos no saben mucho de las kilonovas. Con los datos que tienen y con las leyes de la física en la mano, han supuesto, por ejemplo, que la forma de estas inmensas explosiones era plana y asimétrica. Pero ahora una investigación tira por tierra esas suposiciones.

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Una kilonova a 140 millones de años luz de distancia

Un artículo titulado Spherical symmetry in the kilonova AT2017gfo/GW170817 y publicado en Nature afirma haber demostrado que la explosión nada tiene que ver con los modelos supuestos, sino que tiene forma de esfera casi perfecta y es completamente simétrica.

Es la conclusión de una investigación que firman Albert Sneppen, estudiante de la Universidad de Copenhague y autor principal del artículo, y Darach Watson, profesor asociado del Instituto Niels Bohr de Dinamarca y segundo autor del estudio.

Fue en 2017 cuando por primera vez se detectó con detalle una kilonova. Se trata de AT2017gfo, que está a 140 millones de años luz de distancia. Como otros muchos astrónomos, Sneppen y Watson han estudiado durante los últimos años los datos obtenidos.

No tiene sentido que sea esférica, como una pelota. Pero nuestros cálculos muestran claramente que lo es»

«Se trata de dos estrellas supercompactas que orbitan entre sí cien veces por segundo antes de colapsar. Nuestra intuición, y todos los modelos anteriores, dicen que la nube explosiva creada por la colisión debe tener una forma aplanada y bastante asimétrica», explica Sneppen. Pero no.

Están igual de sorprendidos que el resto de sus colegas: no saben cómo es posible que la kilonova que han estudiado tenga esa perfecta forma. Y tan atónitos están que ya han sugerido que el fenómeno sólo puede explicarse como el resultado de una física desconocida. Además, la forma esférica indica, para su sorpresa, que hay mucha energía en el núcleo de la colisión.

«No tiene sentido que sea esférica, como una pelota. Pero nuestros cálculos muestran claramente que lo es. Probablemente, significa que a las teorías y simulaciones de kilonovas que hemos estado considerando en los últimos 25 años les faltan aspectos importantes de la física», reconoce Watson.

Por qué es importante la forma de una kilonova

Desde nuestro desconocimiento cabe preguntarse: ¿y por qué es importante la forma de esta explosión por inmensa que sea? Resulta que las kilonovas, entre otros objetos del espacio, les pueden servir a los astrónomos para medir la rapidez con la que se expande el universo, calculando la distancia entre esos objetos y cómo ha cambiado.

Podemos usarlas como una nueva forma de medir la distancia de forma independiente, un nuevo tipo de regla cósmica»

«Si las kilonovas son brillantes y en su mayoría esféricas, y si sabemos cómo de lejos están, podemos usarlas como una nueva forma de medir la distancia de forma independiente, un nuevo tipo de regla cósmica», explica Watson. Y en esto su forma es crucial, «porque si tienes un objeto que no es esférico, este emite de manera diferente, dependiendo del ángulo de visión. Una explosión esférica proporciona una precisión mucho mayor en la medición», asegura el científico.

Es decir, el estudio propone un nuevo método para conocer la velocidad del universo y de ese modo también su edad. «Entre los astrofísicos existe un gran debate sobre la rapidez con la que se expande el universo. La velocidad nos dice, entre otras cosas, cuántos años tiene el universo. Y los dos métodos que existen para medirlo difieren en unos mil millones de años. Aquí podemos tener un tercer método que podría complementar y probarse con las otras medidas», cuenta Sneppen.

https://www.20minutos.es/noticia/5101909/0/los-astronomos-no-entienden-por-que-la-fusion-de-dos-estrellas-de-neutrones-crea-una-explosion-esferica-y-perfecta/

“Fue una decisión terrible”: por qué quitarle a Plutón el estatus de planeta sigue causando debate

Igual que muchos de sus colegas en el Observatorio Lowell, Kevin Schindler sintió un escalofrío cuando la Unión Astronómica Internacional (UAI) anunció en agosto de 2006 que, en pocas palabras, Plutón ya no era un planeta.

Plutón

La decisión fue particularmente controvertida en el centro de investigación con sede en Flagstaff, Arizona, porque fue allí donde el astrónomo estadounidense Clyde W. Tombaugh descubrió Plutón por primera vez el 18 de febrero de 1930, una fecha que todavía se observa cada año como Día Internacional de Plutón.

«Prácticamente todos los descubrimientos importantes que tienen que ver con Plutón tienen vínculos con Flagstaff», le dice a la BBC Schindler, el historiador oficial del observatorio.

«Entonces, estábamos algo ansiosos, por decir lo menos, con lo que consideramos una decisión terrible de la UAI«.

Paso inesperado

Pero parece que el «vecino congelado» de la Tierra ahora está siendo vindicado: en los últimos 17 años, el Observatorio Lowell ha recibido tantas muestras de interés que tuvo que construir un nuevo centro de visitantes, que estará listo en 2024.

«Hasta 2006, teníamos capacidad para recibir alrededor de 60.000 visitantes al año. En 2019, justo antes de que llegara la covid-19, vinieron cerca de 100.000 personas que participaron en eventos como nuestro festival ‘Yo quiero a Plutón'», cuenta Schindler.

«Bromeamos que esta controversia fue tan buena para el centro que deseamos que hubiera sucedido antes«, agrega.

«La decisión de la UAI definitivamente parece haber hecho que más personas se interesen en la astronomía…».

Pero la reclasificación de Plutón como planeta enano, efectivamente una democión de la «liga principal» de los planetas del Sistema Solar, todavía molesta a algunos, y no solo entre las personas que trabajan en el Observatorio Lowell.

Alan Stern, el científico de la NASA que dirigió el equipo detrás de la sonda New Horizons que llegó a Plutón en 2015, es un conocido crítico de la decisión de la UAI, a la que se llegó con una votación de los 424 delegados presentes en la reunión del sindicato en agosto de 2006 en Praga.

«Con un voto no es como funciona la ciencia. No votamos sobre la teoría de la relatividad o la física cuántica», le dice Stern a la BBC.

«La UAI podría haber votado que el cielo es verde. No lo convierte automáticamente en realidad».

Entonces, ¿qué es un planeta?

En el centro de la controversia de Plutón está lo que parece una pregunta inocua: ¿qué es un planeta?

La palabra proviene de los antiguos griegos que notaron que Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, los únicos planetas visibles a simple vista, se movían de forma más perceptible que las estrellas, lo que les valió el nombre de planetes (vagabundos).

Pero lo que define el término es otra historia.

Aunque Plutón se agregó rápidamente a la lista de planetas del Sistema Solar después de su descubrimiento en 1930, los astrónomos especularon durante las siguientes décadas que el recién llegado podría ser simplemente el primer ejemplo detectado de una serie de pequeños cuerpos helados más allá de la órbita de Neptuno, una región conocida como el cinturón de Kuiper.

La especulación aumentó en 1992 cuando los astrónomos detectaron 1992 QBI, el primer objeto del cinturón de Kuiper (KBO), que medía 160 km de diámetro (mucho más pequeño que Plutón, que tiene 2.376 km de ancho).

Pero la década de 2000 comenzó con tres grandes descubrimientos de KBO comparables en tamaño a Plutón.

Se estimó que uno de ellos, Eris, visto en 2005, era incluso más grande que Plutón e incitó a la NASA a anunciar en julio de ese año que «los científicos habían descubierto el décimo planeta del Sistema Solar».

Estos hallazgos impulsaron a la UAI a establecer un comité encargado de definir exactamente qué constituía un planeta, con el objetivo de presentar a los miembros un borrador de propuesta final.

Irónicamente, uno de los primeros planes no solo mantuvo a Plutón como planeta, sino que también «promovió» a Caronte, su luna más grande, así como a Erín y Ceres, un cuerpo celeste entre Marte y Júpiter que fue considerado brevemente como planeta después de su descubrimiento en 1801.

Pero al final, los delegados de la UAI votaron por una definición con los siguientes criterios: un planeta debe orbitar una estrella, debe tener un tamaño con suficiente gravedad para forzar una forma esférica y debe ser suficientemente grande para que su gravedad elimine cualquier objeto de un tamaño similar cerca de su órbita.

Esa última regla selló el destino de Plutón, ya que comparte su zona orbital con otros KBO helados.

Fue debidamente trasladado a la nueva categoría de «planeta enano».

Pero no todo el mundo estaba convencido: expertos como Stern cuestionaron la regla de «limpieza de la zona orbital», argumentando que la Tierra no cumple con la definición de 2006, ya que tiene más de 12.000 asteroides en su vecindad.

Otra controversia surgió con la baja participación en la votación: menos del 20% de los 2.700 delegados que asistieron a la conferencia de 10 días en Praga votaron, ya que los organizadores realizaron la consulta el último día del evento.

«La UAI se convirtió en un hazmerreír, ya que sigo viendo y escuchando a personas y colegas que llaman planeta a Plutón», señala Stern.

El científico de la NASA agrega que los investigadores planetarios como él ignoran las reglas de la UAI y adoptan la definición geofísica de un planeta: tiene suficiente gravedad para ser redondo y tiene una masa insuficiente para sufrir una fusión nuclear en su interior.

Según esas reglas, Plutón y todos los demás «enanos» califican como planetas.

Stern, sin embargo, se siente reivindicado por los hallazgos de la misión New Horizons.

Lanzada en enero de 2006, la sonda llegó a Plutón nueve años después e hizo múltiples descubrimientos sobre el planeta enano que obligaron a los científicos a revisar sus modelos.

Uno de los descubrimientos fue que Plutón puede tener «un vasto océano de agua líquida chapoteando debajo de su superficie».

«Mostramos cómo Plutón era un mundo mucho más complejo de lo que pensábamos y eso me convenció aún más de que la definición actual de un planeta es inviable».

«Todavía queremos a Plutón»

La jefa de la UAI, la astrofísica estadounidense Debra Elmegreen, le dijo a la BBC que no le sorprende el persistente debate.

«Plutón fue descubierto cuando nacieron las personas más mayores de esta generación, por lo que está arraigado en el acervo popular», señala Elmegreen, quien asumió el cargo en 2018.

«Además, los planetas son lo primero que la mayoría de los niños aprenden sobre el espacio«.

Pero ella no cree que la reclasificación de Plutón por parte de la UAI se cambie en el corto plazo, y diplomáticamente hace saber que es hora de seguir adelante.

«Todavía queremos a Plutón, pero la clasificación es fundamental para todas las ciencias, ya que reconocemos similitudes y diferencias entre los objetos. Así es como entendemos su física, química o geología subyacente», argumenta Elmegreen.

«Plutón seguirá siendo el prototipo de esta nueva clasificación [planeta enano], pero no cambia su importancia en la comprensión de la evolución de los sistemas planetarios».

La jefa de la UAI reconoce que el debate realmente ayuda a mantener la astronomía en la mente de las personas, por lo que tal vez no le importen las parodias sobre Clyde W. Tombaugh en Twitter, o la urna creada por Kevin Schindler en Flagstaff.

En años recientes, a los visitantes que deseen hacer una donación al Observatorio Lowell se les pide que pongan su dinero en efectivo en una urna etiquetada de acuerdo con lo que creen sobre cómo debería llamarse Plutón: planeta, planeta enano, otro o «No me importa».

«Me agrada decir que nuestros clientes están votando con sus billeteras», dice sonriendo el historiador Schindler.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-64678683

Llega la semana de la lluvia de Delta-Leónidas


La última semana de febrero es una oportunidad perfecta para los amantes de la astronomía: la observación de las Delta-Leónidas, una de las lluvias de meteoros menos conocidas.

Aunque su nombre proviene de la proximidad de la estrella delta de la constelación de Leo, esta lluvia de meteoros es un fenómeno bastante discreto, que comprende desde el 15 de febrero hasta el 10 de marzo, con su máximo pico el 24 de febrero. 

Con una buena visibilidad, se podrá ver tan solo dos meteoros por hora

A pesar de su baja frecuencia, la belleza y la singularidad de los meteoros de Delta-Leónidas hacen que valga la pena intentar verlos. 

La oportunidad de ser testigo de un evento que se produzca sólo una vez al año es algo que los amantes de la astronomía no querrán perderse. 

Además, la lluvia de meteoros Delta-Leónidas tiene una historia fascinante, documentada por primera vez en 1911 por W. F. Denning, y es un testimonio de la capacidad humana para descubrir y estudiar fenómenos astronómicos.

La observación de las Delta-Leónidas también es una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la ciencia y la tecnología en nuestra comprensión del universo. 

Estos eventos astronómicos nos recuerdan nuestra posición en el espacio y el tiempo, y nos inspiran a continuar explorando el mundo más allá de nuestro planeta. 

Además, la observación de las Delta-Leónidas puede ser una actividad educativa, fomentando el interés por la ciencia y la astronomía en personas de todas las edades.

Fuene: https://www.lavanguardia.com/participacion/las-fotos-de-los-lectores/20230217/8765642/llega-semana-lluvia-delta-leonidas.html


¿Si pudiéramos contener miles de millones de años en uno solo, dónde estaríamos ahora?

Los numerosos planetas que giran alrededor de las estrellas que componen La Vía Láctea nos ayudan, no solo a pensar en el futuro, sino también a pensar en el pasado sin olvidar que nuestro presente es una cuestión de tiempo.

Ahora, que acabamos de estrenar año, se presenta una buena ocasión para reducir la extensión del tiempo universal (miles de millones de años) a un año natural. Eso mismo es lo que nos propone el profesor de astronomía Jon Willis en su libro Todos estos mundos son vuestros (Alpha Decay) cuando identifica el calendario cósmico con el almanaque recién estrenado.

De esta manera, podemos tomar el tiempo como un juego, como un pasatiempo —nunca mejor dicho—, y hacernos a la idea de lo que sigue tras la última campanada del año, pues, de inmediato, ocurre el Big Bang, y con la gran explosión y la última uva llega el “arrebato cósmico” de las partículas fundamentales; átomos que van a ser el ingrediente fundamental de la sopa primigenia de donde venimos.

Pero no nos adelantemos, porque primero la sopa ha de enfriarse y eso ocurre en las primeras horas del nuevo año, a medida que el universo empieza a expandirse y la materia atómica forma las primeras moléculas que dan lugar a las nubes de gas. Con ello, nacen las estrellas al final de la primera semana del mes de enero, que se corresponderían con cientos de millones de años después del Big Bang.

La Vía Láctea se empezó a formar más de dos meses después, con la primavera. Y la edad del mundo y su dimensión temporal se completaría en agosto con la formación de los planetas alrededor de su estrella reina. Si seguimos arrancando hojas al almanaque nos encontramos con el mes de noviembre, cuando las células van haciéndose cada vez más complejas, originándose los primeros organismos multicelulares. A mediados de diciembre, el día 16, tenemos la fecha que se correspondería con el momento en que ocurrió lo que se conoce como explosión cámbrica, el Bing Bang biológico que vino a diversificar los organismos multicelulares debido a la oxigenación del agua. Esto ocurrió hace unos 540 millones de años.

Los dinosaurios aparecieron en Nochebuena. Y coincidiendo con el día de Navidad vieron la luz nuestros primeros antepasados. Llegando el 31 de diciembre, casi un año después del Big Bang, a las diez y cuarto de la mañana aparecieron los primeros simios que caminaban a cuatro patas y cuya postura erguida la consiguieron 12 horas más tarde. Alrededor de 15 segundos antes de las campanadas de fin de año aprendimos a escribir y con ello a interpretar el cielo, y a pensar que tras cada persona que habita la Tierra hay treinta fantasmas y un mundo para cada uno de ellos donde podrían quedarse a vivir para siempre.

Con esto, los miles de millones de planetas que giran alrededor de las estrellas que componen La Vía Láctea nos ayudan, no solo a elucubrar sobre el futuro, sino también a reflexionar el pasado sin olvidar que nuestro presente es tan solo una cuestión de tiempo que se proyecta en el almanaque cósmico del universo.

La gran distancia que nos separa desde el principio de los tiempos hasta hoy, se puede contener en un año, tal y como hemos aprendido con Jon Willis en este libro de comprensión sencilla que es todo un viaje a través del espacio en busca de una segunda Tierra, de un lugar donde se localicen formas de vida parecidas o iguales a las nuestras. Hay libros que son un juguete y este es uno de ellos.

https://elpais.com/ciencia/el-hacha-de-piedra/2023-02-02/si-pudieramos-contener-miles-de-millones-de-anos-en-uno-solo-donde-nos-estariamos-ahora.html