Constelación Aries

La constelación Aries es una de las doce constelaciones situadas en el zodiaco. Es decir, en la zona de la esfera celestial a través de la cual parece moverse el Sol.

Situada entre la constelación de Pisces y de Tauro, es una de las constelaciones conocidas desde la antigüedad que ya aparece en el catálogo estelar de 48 constelaciones escrito por Ptolomeo en el siglo II después de Cristo.

La constelación de Aries está situada en el primer cuadrante del hemisferio norte y puede verse desde cualquier latitud por encima de los 60 grados sur.

Es una constelación de una tamaño medio ya que ocupa la posición 39 entre las 88 constelaciones modernas ordenadas por tamaño de mayor a menor. Su superficie en la esfera celeste es de 441 grados cuadrados.

Las constelaciones colindantes a Aries son Perseo (Perseus), el Triángulo (Triangulum), los Peces (Pisces), Ceto (Cetus) y Tauro (Taurus).

La constelación de Aries es conocida entre los astrónomos por algunas de las lluvias de meteoros más conocidas. Entre ellas las Ariétidas diurnas en verano, así como también las Épsilon Ariétidas y las Ariétidas de mayo.

También es importante que en la constelación de Aries se han encontrado diversas estrellas con planetas orbitando a su alrededor. En este constelación existen algunos objetos del espacio profundo interesantes pero ningún objeto Messier.

Origen mitológico de la constelación

La palabra Aries proviene del latín y significa carnero. Esta constelación ya era conocida por la civilización babilónica pero inicialmente tenía forma de trabajador agrario y no de carnero. Fue en la época tardía de la civilización babilónica que esta agrupación de estrellas pasó a asociarse con la figura del carnero.

La civilización egipcia también tenía conocimiento de esta constelación y la asociaba con el dios Amón, en ocasiones representado con cabeza de carnero.

Hace dos milenios el equinoccio de primavera tenía lugar durante el paso por esta constelación.  Esto hizo que el punto exacto donde se produce este equinoccio se nombrara punto vernal o punto Aries. Este era también el punto donde se consideraba que empezaba el zodiaco. Esta designación se ha mantenido hasta la actualidad, a pesar de que debido a la precesión de los equinoccios, el equinoccio de primavera tiene lugar ahora en la constelación de Piscis.

En la mitología griega, la figura de Aries está asociada con el carnero que rescató a Frixo y Hele. Según el mito, Frixo y Hele eran hijos del rey Atamante y su primera mujer Néfele. Debido al odio y envidia que sentía su segunda mujer por ellos, decidió idear un plan para matarlos. La mujer provocó una hambruna en el reino e hizo saber a su marido que el Oráculo de Delfos le había transmitido que tendrían que sacrificar a Frixo y Hele para terminar con la hambruna. Cuando el rey Atamante estaba a punto de sacrificar a sus hijos llegó Aries, enviado por Néfele, la madre de Frixo y Hele. Aries rescató a los hijos y se los llevó a Cólquida, pero solo Frixo sobrevivió el viaje.

Estrellas de Aries

Las tres estrellas más importantes de esta constelación son Alpha, Beta y Gamma Arietis. En total, la constelación tiene 67 estrellas que siguen la denominación de Bayer, pero solo dos de ellas con una magnitud aparente inferior a 2.

Alpha Arietis

La estrella Alpha Arietis es la más brillante de la constelación de Aries y se conoce también como Hamal. Hamal es una palabra árabe que proviene de ras al-hamal y significa cabeza de carnero.

Esta estrella es la quincuagésima estrella más brillante del cielo y se encuentra a una distancia de 66 años luz. Es una estrella gigante con un planeta orbitando a su alrededor. 

Beta Arietis

Beta Arietis se conoce también como Sheratan, que en árabe significa los dos signos. Esta estrella marcaba junto con la estrella Gamma Arietis la posición del punto vernal. 

Esta es en realidad una estrella binaria con una magnitud aparente de 2.66. Su componente principal es una estrella blanco-azulada.

Gamma Arietis

Gamma Arietis se conoce comúnmente con el nombre Mesarthim. Esta es también una estrella binaria formada por dos estrellas blancas que orbitan alrededor de un centro común con un período de 5000 años.

Tienen una magnitud aparente combinada de 3.86 y están situadas a 164 años luz del sistema solar. La naturaleza binaria de esta estrella ya fue descubierta por el astrónomo Robert Hooke en 1664.

Otras estrellas importantes

Alpha, Beta y Gamma Arietis forman la línea principal de la constelación de Aries. Aparte de estas tres estrellas la constelación incluye también otras estrellas binarias entre las que destacan Épsilon, Lambda y Pi Arietis.

Épsilon Arietis se encuentra a 342 años luz de la Tierra. Está formada por dos estrellas blancas cuya componente principal tiene una magnitud aparente de 5.2 y su componente secundaria de 5.5. Su naturaleza binaria fue descubierta en 1827.

Lambda Arietis también está formada por dos estrellas con una magnitud aparente combinada de 4.79. Esta estrella binaria se encuentra a 129 años luz del sistema solar.

Pi Arietis también es una estrella binaria con una componente principal blanco-azulada y una componente secundaria blanca. Su magnitud aparente es de 5.21 y está situada a 800 años luz.

También pueden encontrarse en esta constelación dos enanas rojas que pertenecen a las 40 estrellas más cercanas al sistema solar. Una de ellas es la estrella de Teegarden, esta es la más cercana de la constelación de Aries situada a solo una distancia de 12.5 años luz. La otra es TZ Arietes, situada a 14.5 años luz.

También se conocen en esta constelación distintas estrellas con uno o más planetas a su alrededor. Una de las más interesantes es la estrella HIP 14810 que es orbitada por tres planetas de un tamaño similar a Júpiter. También hay las estrellas HD 12661 y HD 17674, cada una con dos planetas orbitando.

Aparte de estas tres estrellas se conoce como mínimo un planeta orbitando alrededor de Alpha Arietis, HD20367, HD 14067, 30 Ari B, HD 14787, HAT-P-25, HAT-P-47, HAT-P-48, HAT-P-52 y WASP-11.

Objetos del espacio profundo

Dos de los objetos del espacio profundo más interesantes en la constelación de Aries son la galaxia espiral NGC 772 y la galaxia enana irregular NGC 1156. 

La galaxia espiral NGC 772, conocida también como Arp 78, tiene un diámetro de unos 240000 años luz, es decir, aproximadamente el doble de grande que la Vía Láctea. Además, está rodeada de algunas galaxias satélite, entre las que destaca la enana elíptica NGC 770. Su elipticidad puede observarse incluso con pequeños telescopios.

La galaxia NGC 1156 está situada en el norte de la estrella Delta Arietis. Es interesante porque su núcleo es relativamente grande, hecho que puede ser el resultado de una colisión pasada con otra galaxia.

Fuente: https://www.planetario.net/constelacion-aries/

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Podría haberse detectado la fusión de un agujero negro con una estrella de neutrones

Aunque los detectores también captaron señales de una fusión entre una estrella de neutrones y un agujero negro el 26 de abril, los investigadores sostienen que el fenómeno S190814bv es mucho más convincente. El evento de abril tiene una probabilidad de una entre siete de ser ruido de la Tierra, y se calcula que las falsas alarmas como la señal de abril aparecen cada 20 meses. Pero casi no hay duda de que S190814bv procede de fuera de nuestro planeta y, para detectar una falsa alarma parecida a S190814bv, el equipo de LIGO estima que habría que esperar más que la edad del universo.

«Es algo mucho más emocionante», afirma Christopher Berry, miembro del equipo de LIGO y físico de la Universidad Northwestern. «Es mucho más probable que sea real y eso significa que vale la pena invertir tiempo y esfuerzo».

Un triturador cósmico

LIGO y Virgo también rastrearon el origen de S190814bv hasta una franja ovalada del firmamento unas 11 veces más ancha que la luna llena, lo que posibilita un seguimiento por telescopio de posibles destellos luminosos. Instrumentos de todo el planeta y en la órbita han detenido sus observaciones habituales programadas para sumarse a la búsqueda y están publicando sus resultados en tiempo real.

«Resulta muy emocionante», afirma Aaron Tohuvavohu, científico de guardia de observación en el telescopio Swift de la NASA, que ha buscado destellos de rayos X y luz ultravioleta en la misma franja en la que se originó la señal de ondas gravitacionales. «Llevo toda la noche sin dormir, pero estoy contentísimo».

Si el Swift y otros telescopio observan el resplandor residual de la colisión detectada por LIGO y Virgo, sería todo un hito para la astronomía, ya que la luz permitiría a los científicos observar las entrañas de una estrella de neutrones por primera vez y quizá incluso probar los límites de la relatividad.

«Eso resultaría fantástico, un sueño para una teórica», afirma Vicky Kalogera, miembro del equipo de LIGO y física de la Universidad Northwestern.

Sin embargo, no hay que dar por hecho que los telescopios vayan a detectar algo. La teoría actual predice que las colisiones entre estrellas de neutrones y agujeros negros no siempre producen luz, dependiendo de la comparación entre las masas de ambos objetos.

Cuanto más iguales sean las masas del agujero negro y la estrella de neutrones, más tardará la estrella en hundirse en el agujero negro. Esto permite que ambos orbiten mucho más cerca el uno del otro, lo que da al agujero negro más oportunidades de destrozar con su gravedad la estrella de neutrones. Antes de que el agujero negro engulla este confeti resplandeciente, puede emitir luz que los telescopios podrían detectar.

Pero si el agujero negro es mucho más masivo que la estrella de neutrones, puede tragarse la estrella entera sin mucho alboroto, es decir, sin emitir luz. Kalogera sostiene que los científicos aún están peinando los datos de S190814bv para establecer los límites de la masa del agujero negro, lo que debería precisar la situación en la que se produjo el evento.

Evaluando la situación

Otra posibilidad más extraña es que el objeto más pequeño de S190814bv no sea una estrella de neutrones.

LIGO y Virgo clasifican las fusiones que observan según las masas estimadas de los objetos en cada colisión. Cualquier cosa por debajo del triple de la masa de nuestro sol se considera una estrella de neutrones. Cualquier cosa superior a cinco veces la masa de nuestro sol se considera un agujero negro. En este caso, se estima que el objeto más pequeño de S190814bv es inferior a tres masas solares.

Aunque en teoría pueden existir agujeros negros menos masivos, las mediciones del cosmos mediante rayos X aún no han detectado señales de su presencia. Del mismo modo, nuestras mejores teorías sobre las estrellas de neutrones apuntan a que, si son superiores a dos masas solares, colapsan y se convierten en agujeros negros. ¿Y si la brecha entre tres y cinco masas solares sencillamente refleja una brecha en nuestras observaciones y el objeto inferior de S190814bv es un agujero negro pequeño?

«En realidad este fenómeno podría desvelarnos dos misterios», afirma Berry. «Cuál es la masa máxima de una estrella de neutrones y cuál es la masa mínima de un agujero negro».

Los detalles de las ondas gravitacionales podrían permitir a los científicos averiguar la identidad del objeto más pequeño de S190814bv. Y si las mediciones posteriores captan un resplandor residual —que, según Kalogera, podría llevar tres semanas— prácticamente confirmaría que el objeto más pequeño es una estrella de neutrones.

Sea cual sea la señal, será una primicia, según Berry: «Es una situación en la que nadie pierde».

Fuente: https://www.nationalgeographic.es/espacio/2019/08/posible-deteccion-ligo-fusion-agujero-negro-estrella-neutrones

Un cometa verde y con anticola: los secretos de un fenómeno peculiar que se puede ver fácilmente

Estos días se puede disfrutar de este evento astronómico, mejor con ayuda de binoculares o telescopio y lejos de la contaminación lumínica

La última vez que fue visible desde la Tierra, hace 50.000 años, los neandertales todavía vivían en Europa. Luce un verde vistoso y cuenta con una anticola. Y además, casi se puede disfrutar a simple vista. Todas esas características hacen del llamado “cometa verde” (ha habido otros) un acontecimiento curioso que va un poco más allá del mundillo de los aficionados a la astronomía. “Es un hype [excesivo bombo] porque ahora todo lo es, pero lo cierto es que mola”, reconoce Javier Armentia, astrofísico y director del Planetario de Pamplona. “No todos los cometas presentan esa “anticola”, o más bien, normalmente no llega a ser observable ese fenómeno de que el material que se va del cometa quede iluminado; por otro lado, el color verde, no siendo tampoco inusitado, es llamativo”, resume el especialista. El cometa fue descubierto en marzo de 2022, hace menos de un año, por la Instalación Transitoria Zwicky (ZTF por sus siglas en inglés), de donde se deriva su verdadero nombre científico: C/2022 E3 (ZTF).

¿Por qué es verde? No es la primera vez que un cometa verde es visible desde la Tierra, como este que recogió la NASA en 2009. El color verde se produce únicamente en la envoltura de su cabeza (llamada coma), como un aura turquesa, provocada por la reacción de la luz ultravioleta y un gas carbónico que emana este objeto espacial, como se describió en este estudio de 2021 que trataba de explicar el fenómeno.

¿Qué es eso de la anticola? Aunque tampoco es el primero en lucirla, también tiene la peculiaridad de contar una anticola. Por ejemplo, el famoso Hale-Bopp lucía la suya a su paso en 1997. Las colas gemelas de un cometa a menudo son claramente visibles, gracias a que la estela de polvo refleja la luz del Sol y el gas dentro de la otra cola se ioniza, dándole un brillo tenue. Pero la tercera, la anticola, aparece en la dirección opuesta a lo esperable: una ilusión óptica que se ve cuando la Tierra cruza el plano orbital de un cometa. “En ese momento, el borde de la cola de polvo en forma de abanico del cometa parece una punta que apunta hacia el sol”, explica SpaceWeather.

¿Se puede disfrutar a simple vista? Más o menos. Paseando por el centro de una ciudad y mirando al cielo nocturno, sin más, es improbable que se vea. Lo ideal es, como siempre, alejarse de la contaminación lumínica en zonas rurales. “Es pequeñito, y aunque la gente está intentando convencer de que se ve, sin binoculares o telescopio no hay manera. Además, la Luna está creciente y en estos próximos días habrá más luz en el cielo y menos contraste”, advierte Armentia.

“Pasará cerca de la estrella Polar el 30 de enero y cerca de la brillante Capella el 6 de febrero, moviéndose con una velocidad angular muy rápida durante los días de mayor proximidad a la Tierra”, señala el astrofísico Josep Maria Trigo en The Conversation.

La NASA recuerda que “debería ser visible con un telescopio y probablemente con binoculares” los observadores en el hemisferio norte encontrarán el cometa en el cielo más tempranero, antes del amanecer, mientras se mueve rápidamente hacia el noroeste durante enero. Y se hará visible en el hemisferio sur a principios de febrero. La semana que viene será la ideal para observarlo. “No se espera que este cometa sea el espectáculo que el cometa NEOWISE fue en 2020, pero sigue siendo una oportunidad increíble para establecer una conexión personal con un visitante helado del lejano sistema solar exterior”, señala la NASA.

¿Cuánto se acerca? El 1 de febrero será cuando más se acerque a la Tierra. El cometa alcanzó su perihelio el 12 de enero, a una distancia de 166 millones de kilómetros y el máximo acercamiento a la nuestro planeta, el primero de febrero, estará a una distancia de solo 42 millones de kilómetros.

https://elpais.com/ciencia/2023-01-27/un-cometa-verde-y-con-anticola-los-secretos-de-un-fenomeno-peculiar-que-se-puede-ver-facilmente.html

La importancia científica de la primera foto del agujero negro

A más de 50 años luz de distancia, en el corazón de una gigantesca galaxia elíptica llamada Messier 87, una bestia colosal devora cualquier cosa que se le acerque demasiado. Estrellas, planetas, gas y polvo: ni siquiera la luz huye de las garras de este monstruo una vez cruza un umbral denominado horizonte de sucesos.

Ayer, un equipo de científicos desveló una imagen de ese objeto, un agujero negro supermasivo con la masa de 6.500 millones de soles. Esta imagen histórica, que se parece a un vacío circular rodeado de un anillo de luz desigual, es el primer vistazo de la silueta de un agujero negro, una foto que llega hasta el ineludible borde de las fauces del agujero negro.

La nueva imagen es el impresionante logro del proyecto Event Horizon Telescope, una colaboración global de más de 200 científicos que han empleado una red de observatorios repartidos por todo el mundo, desde Hawái al Polo Sur. Al combinarla, esta red actúa como un telescopio del tamaño de la Tierra y ha sido capaz de recopilar más de un petabyte de datos mientras observaba el agujero negro de M87 en abril de 2017. Los científicos tardaron dos años en montar la instantánea.

Hasta ahora, los humanos solo éramos capaces de ver pruebas indirectas de la existencia de los agujeros negros buscando estrellas que parecieran orbitar objetos extraños, captando la radiación procedente de la materia sobrecalentada que se arremolinaba hacia ellos u observando los energéticos chorros de partículas que salían de sus entornos tumultuosos.

«Hemos estudiado los agujeros negros durante tanto tiempo que a veces cuesta recordar que ninguno ha visto ninguno jamás», afirmó France Cordova, director de la Fundación Nacional para la Ciencia de los Estados Unidos durante la conferencia de prensa en Washington, D.C., en la que se anunció el logro del equipo.

«Nos complace poder anunciarles que hemos observado lo que creíamos inobservable», añadió Shep Doeleman, director del proyecto del Instituto de Astrofísica Harvard-Smithsonian. «Lo que observan es la prueba de un horizonte de sucesos… Ahora tenemos pruebas visuales de un agujero negro».

Seis estudios publicados ayer en Astrophysical Journal Letters describen esta hazaña observacional, el proceso mediante el cual se ha logrado y los detalles que revela la imagen. Una de las conclusiones principales es un cálculo más directo de la masa del agujero negro, que guarda una estrecha correlación con los cálculos derivados del movimiento de las estrellas que los orbitan. Los datos también aportan pruebas de cómo consiguen estos agujeros negros supermasivos desencadenar chorros de partículas tan colosales que viajan casi a la velocidad de la luz.

«Es impresionante, es casi aleccionador en cierto modo», afirmó Doeleman. «La naturaleza ha conspirado para permitirnos observar algo que creíamos que era invisible».

Una naranja en la luna

Inicialmente, el Event Horizon Telescope tenía el objetivo de obtener una imagen del agujero negro supermasivo en el núcleo de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Ese agujero negro, llamado Sagitario A*, es relativamente insignificante frente a M87, ya que contiene la masa de solo cuatro millones de soles. Como M87 es uno de los agujeros negros más próximos y grandes, el equipo decidió apuntar el telescopio hacia él, con la esperanza de comparar ambos monstruos.

Contemplar el corazón de nuestra galaxia resultó ser más complicado que observar el agujero negro del siguiente cúmulo de galaxias, por eso se ha publicado primero el retrato de M87.

En lugar de ser una sola instantánea, como las espectaculares fotos sacadas por el telescopio espacial Hubble, la imagen del EHT es el producto de un proceso denominado interferometría, que combina observaciones de múltiples telescopios para formar una imagen. Cuando las distintas antenas observan simultáneamente el mismo objetivo, los científicos pueden cotejar sus observaciones y «ver» un objeto como si utilizaran una sola antena gigante que abarcara la distancia entre dichos telescopios.

Para resolver el misterio de estos agujeros negros supermasivos —que son diminutos en comparación con las galaxias circundantes—, se necesitaba aprovechar la potencia de radiotelescopios de todo el planeta. Al final, seis observatorios en México, Hawái, Arizona, Chile y España apuntaron sus lentes al cielo y contemplaron M87, la galaxia más grande en el centro del cúmulo de Virgo. La red, que funciona como un telescopio del tamaño de la Tierra, puede observar objetos a solo una diezmilésima del tamaño angular de lo que Hubble puede observar.

«Aquello de lo que intentamos obtener una imagen es muy pequeño en el cielo», afirma Katie Bouman, de Caltech, integrante del equipo de imagen del EHT. «Es casi el mismo tamaño que intentar sacar una foto de una naranja en la luna».

Durante días, el equipo observó M87 en longitudes de ondas de radio cortas, porque las ondas de radio pueden atravesar los turbios velos de gas y polvo que rodean los centros galácticos. Durante el periodo de observación, en el que también incluyeron otros objetivos que no eran M87, el equipo acumuló tantos datos —cinco petabytes— que la única forma razonable de transmitirlos era enviando discos duros en lugar de enviarlos de manera digital.

«Cinco petabytes son muchísimos datos», afirma Dan Marrone, miembro del equipo de la Universidad de Arizona. «Es el equivalente a 5.000 años de archivos MP3 o, según un estudio que leí, toda la colección de selfis sacadas durante las vidas de 40.000 personas».

A continuación, como combinar observaciones de observatorios diferentes no es tarea fácil, cuatro equipos procesaron los datos de forma independiente, empleando algoritmos distintos y cotejándolos con modelos diferentes. Al final, las imágenes que produjo cada equipo fueron bastante similares, lo que sugería que las observaciones eran sólidas y que la foto final es la más precisa posible. Desde luego, apenas se distingue de las simulaciones que el equipo había producido el año antes de publicar la imagen.

«Es casi tal y como lo predijimos», afirma Sera Markoff, integrante del equipo del EHT de la Universidad de Ámsterdam. «Recuerdo que, por la noche, sacaba el móvil y miraba la foto».

El equipo tiene pensado compartir la imagen del agujero negro supermasivo más cercano a la Tierra, pero como Sagitario A* es más cercano, no esperan que esta imagen sea mucho más nítida que la que han publicado.

«M87 está casi 2000 veces más lejos, pero su agujero negro es casi 2000 veces más grande», afirma lord Martin Rees, de la Universidad de Cambridge, astrónomo real del Reino Unido. «Tienen el mismo tamaño angular en el cielo».

Fuente: https://www.nationalgeographic.es/espacio/2019/04/la-importancia-cientifica-de-la-primera-foto-del-agujero-negro

Constelación Acuario

La constelación Acuario (Aquarius) es una de las constelaciones más importantes por distintos motivos. En primer lugar es una de los 12 constelaciones del zodíaco, esto significa que está situada sobre la línea que sigue el Sol a lo largo de la esfera celeste.

Esto hace que sea también una de las constelaciones más antiguas y que apareciera ya en la lista de las 48 constelaciones que fueron catalogadas por el astrónomo griego Ptolomeo en el siglo II después de Cristo.

La constelación de Acuario es una de las más grandes, ocupa la décima posición entre las 88 constelaciones modernas cuando se ordenan de mayor a menor. En concreto, ocupa un área total en la esfera celeste de 980 grados cuadrados.

Esta constelación se encuentra en el zodiaco y concretamente en una zona que se conoce como el mar. Esto es debido a que en esta zona de la esfera celeste se encuentran distintas constelaciones que hacen referencia a motivos relacionados con el mar: la Ballena (Cetus), el Delfín, los Peces y el Eridano.

La constelación de Acuario está situada en el cuarto cuadrante del hemisferio sur y puede ser vista desde cualquier latitud inferior a los 65 grados norte.

Las constelaciones colindantes a Acuario son el Águila, Capricornio, la Ballena, el Delfín, el Caballito, Pegaso, los Peces, el Pez Austral y el Taller del Escultor.

Esta constelación es reconocible por su estrella más importante, Beta Aquarii, conocida también como Sadalsuud.

Algunos de los objetos astronómicos contenidos en esta constelación son los cúmulos globulares Messier 2 y Messier 72, así como el grupo de estrellas Messier 73. También se encuentran en esta constelación la nebulosa Saturno y la nebulosa de la Hélice.

Origen y mitología de la constelación de Acuario

La constelación de Acuario ya era conocida por los astrónomos de Babilonia. La civilización babilónica asociaba esta constelación con el dios Ea, representado a menudo con una vasija de la cual derrama agua.

En la época de la civilización babilónica, el solsticio de invierno tenía lugar durante el paso por la constelación de Acuario. Por este motivo, el período de tiempo que transcurría durante los días antes y después del solsticio de invierno se conocía como el camino de Ea. Los babilonios asociaban esta deidad con los efectos destructivos de las inundaciones recurrentes de los ríos Tigris y Eufrates.

En la civilización egipcia, la figura de Acuario tenía unas connotaciones más positivas. Los egipcios lo relacionaban con la inundación anual del Nilo. Según esta tradición, el inicio de la primavera venía marcada por Acuario, que sumergía su jarro en el río Nilo y provocaba así una inundación.

En la mitología griega, Acuario se identificaba con Ganimedes, un héroe divino hijo de Tros, rey de Dardania. El mito dice que Ganimedes fue raptado por Zeus para convertirlo en el copero encargado de servir a los dioses del Olimpo. En algunas versiones, la constelación de Acuario aparece simplemente como una vasija que derrama agua en dirección a la constelación del Pez Austral.

Estrellas de Acuario

A pesar de estar situada en el zodiaco, una zona abundante en estrellas, la constelación de Acuario no contiene una gran cantidad de estrellas brillantes. Tan solo las estrellas Alpha Aquarii y Beta Aquarii tienen una magnitud aparente inferior a 3.

Beta Aquarii

La estrella Beta Aquarii se conoce también como Sadalsuud y se encuentra a 540 años luz del sistema solar. Es una supergigante amarilla de magnitud aparente igual a 2.87 y se estima que tiene una masa igual a 6 veces la masa del Sol.

Alpha Aquarii

Alpha Aquarii se conoce también como Sadalmelik, que en árabe significa suerte del rey. Es la segunda estrella más brillante de la constelación de Acuario, con una magnitud aparente de 2.94. 

Igual que Beta Aquarii, este estrella es una supergigante amarilla, un tipo de estrella poco común. Se encuentra situada a 520 años luz del sistema solar.

Gamma Aquarii

Gamma Aquarii tiene una magnitud aparente de 3.85 y es también una de las estrellas más brillantes de la constelación de Acuario después de las dos anteriormente mencionadas.

La estrella Gamma Aquarii se conoce también como Sadachbia, que significa estrella afortunada de las viviendas. Esta es una estrella binaria situada a 158 años luz del sistema solar.

Delta Aquarii

Delta Aquarii es la tercera estrella más brillante de la constelación de Acuario. Tradicionalmente ha recibido el nombre Skat, que en árabe significa pierna. Esta estrella tiene una magnitud aparente de 3.3 y está situada a 113 años luz del sistema solar.

Zeta Aquarii

Zeta Aquarii es un sistema estelar formado por dos estrellas, aunque según algunas observaciones podría estar formado por tres estrellas. Su nombre tradicional es Sadaltager, que en árabe significa la suerte del mercader.

La magnitud aparente de este sistema es 3.65 y se encuentra a 92 años luz de la Tierra.

Otras estrellas

La estrella más cercana de la constelación de Acuario es EZ Aquarii, un sistema estelar formado por tres enanas de tipo M, situada a solo 11.3 años luz del sistema solar.

Una de las características importantes de la constelación Acuario es que se han detectado una gran cantidad de exoplanetas en sus estrellas. Esto incluye, por ejemplo, la estrella Gliese 876. Esta estrella está situada a solo 15.3 años luz de la Tierra. Se ha detectado que existen 4 planetas orbitando alrededor de esta estrella.

Otro caso es el de la estrella Gliese 849, alrededor de la cual orbitan dos planetas de un tamaño similar a Júpiter.

También existe un sistema formado por como mínimo cuatro planetas alrededor de la estrella HD 215152. Por último, en 2017 se descubrió un sistema planetario formado por siete planetas terrestres alrededor de la estrella enana TRAPPIST-1.

Aparte de estos sistemas multiplanetarios se conocen hasta 14 estrellas más en la constelación de Acuario con por lo menos un planeta orbitando a su alrededor: HD 222582, HD 220689, HD 212771, HD 206610, HD 210277, 91 Aquarii, WASP-6, WASP-47, WASP-69, WASP-70A, WASP-75, WASP-147, WASP-165 y WASP-177.

Lluvias de meteoros

Existen distintas lluvias de meteoros que tienen lugar en la constelación de Acuario. Las lluvias de meteoros de definen por su radiante, que es el punto en el cual parece converger todas las estrellas fugaces.

Entre ellas las más importantes son las Eta Acuáridas (η-Acuáridas), que tienen lugar entre el 19 de Abril y el 28 de Mayo y son debidas a partículas que se separaron hace años del cometa Halley.

Otra lluvia de meteoros importante son las Delta Acuáridas (δ-Acuáridas). Puede distinguirse entre las Delta Acuáridas del Norte y las del Sur. Las Delta Acuáridas del Norte pueden verse entre el 15 de Julio y el 25 de Agosto mientras que las del Sur tienen lugar del 12 de Julio al 19 de Agosto. Esta lluvia de meteoros se originó debido al grupo de cometas Marsden y Kracht.

Por último, existen también las Iota Acuáridas (ι-Acuáridas) del Norte, visibles entre el 11 y el 31 de Agosto y las Iota Acuáridas del Sur, visibles del 25 de Julio al 15 de Agosto.

Aparte de estas lluvias de meteoros también se conocen las Gamma Acuáridas, las Kappa Acuáridas y las Tau Acuáridas.

Objetos del espacio profundo

Existen varios objetos interesantes situados en la zona de la constelación de Acuario. Entre ellos destacan los objetos de Messier 2, 72 y 73, la nebulosa Saturno y la nebulosa de la Hélice, y también la galaxia enana de Acuario y la galaxia espiral NGC 7727.

Los objetos Messier 2 y 72 son dos cúmulos globulares, es decir, agrupaciones de estrellas que orbitan alrededor de una galaxia. Se estima que Messier 2 llega a contener cerca de 150000 estrellas y que tiene una extensión de 175 años luz. Este objeto del espacio profundo se encuentra a 55000 años luz de la Tierra. Por su parte, el objeto Messier 72 se encuentra a 52000 años luz de la Tierra y tiene un diámetro de 106 años luz.

El objeto Messier 73 fue descubierto por Charles Messier en 1780 y clasificado como un cúmulo de cuatro estrellas. Inicialmente se creyó que las cuatro estrellas formaban parte de un mismo grupo. Observaciones posteriores han concluido que en realidad hay una gran distancia entre las estrellas de Messier 73 y que se mueven en direcciones distintas. Solo desde nuestra perspectiva se observan como un cúmulo.

Otros dos objetos interesantes en la constelación de Acuario son la nebulosa Saturno y la nebulosa de la Hélice. La nebulosa Saturno fue descubierta por William Herschel en 1782 y recibe este nombre por su apariencia que recuerda al perfil del planeta Saturno. La nebulosa de la Hélice fue descubierta en 1824 y es una de las más cercanas a la Tierra. Debido a su apariencia similar a un ojo es también conocida como el ojo de Dios.

También pueden verse algunas galaxias en la constelación de Acuario. Una de ellas es la galaxia enana de Acuario, una galaxia irregular que pertenece al Grupo Local (el grupo de galaxias al que pertenece también la Vía Láctea).

Otra galaxia en esta constelación es la NGC 7727, interesante por su forma de galaxia espiral amorfa que indica que probablemente es el resultado de la fusión entre dos galaxias.

Hay también otra galaxia en esta constelación que es el resultado de la colisión entre dos galaxias. Esta galaxia es la NGC 7252 y se conoce también con el nombre Átomos por la paz porque su forma recuerda el diagrama de un electrón orbitando alrededor del núcleo de un átomo.

Fuente: https://www.planetario.net/constelacion-acuario/

Un agujero negro supermasivo vuelve a dar la razón a Einstein

Un análisis detallado del agujero negro supermasivo del núcleo de nuestra galaxia es el último intento de llevar al límite nuestros conocimientos de la gravedad.

¿Qué ocurre cuando una estrella tiene un encuentro cercano con un agujero negro supermasivo? Que da a los astrónomos la oportunidad de poner a Einstein a prueba.

Mediante el estudio del comportamiento de una estrella que da vueltas alrededor del agujero negro del centro de nuestra galaxia, los científicos han confirmado que el intenso campo gravitatorio del objeto frena la luz estelar y provoca un retraso perceptible en su viaje a través del cosmos. Esta medición es la mejor manera de poner a prueba una de las predicciones fundamentales de la teoría de la relatividad general de Einstein, que sugiere que la luz perderá energía al intentar desplazarse a través un campo gravitatorio extremo.

«Este tipo de experimento es la primera prueba directa del funcionamiento de la gravedad cerca de un agujero negro supermasivo», afirma Andrea Ghez, astrónoma de la Universidad de California en Los Ángeles cuyo equipo ha publicado los resultados en la revista Science. «La gravedad es importantísima, tanto para la comprensión del universo como en nuestras vidas cotidianas».

Algún día, los astrónomos esperan hallar pruebas de que la relatividad general no funciona en entornos gravitatorios extremos, ya que eso daría cabida a la posibilidad de nuevos tipos de físicas que podrían resolver algunos de los grandes misterios de nuestra comprensión del universo.

Con todo, por ahora parece que Einstein estaba en lo cierto (otra vez) y que las teorías alternativas de la gravedad, entre ellas una desarrollada por Isaac Newton, quedan descartadas.

Un conjunto de datos enorme

Como describe la relatividad general, lo que percibimos como gravedad es el resultado de la masa de un objeto que curva el tejido del espacio-tiempo. La teoría también sostiene que la gravedad afecta incluso a la luz y que los objetos muy masivos distorsionan cualquier luz que se desplace en torno a ellos. La observación más famosa del efecto se produjo durante un eclipse solar en 1919, lo que convirtió la relatividad general en un pilar de la ciencia.

Por eso los astrónomos están tan emocionados con el cúmulo de estrellas que orbita el agujero negro supermasivo del núcleo de nuestra galaxia, un monstruo con la masa de cuatro millones de soles denominado Sagitario A*, o SgrA* para abreviar. Este gigante se encuentra a unos 26 000 años luz de la Tierra y se oculta tras un telón de gas y polvo.

La estrella de este espectáculo se llama S0-2 y pasa a toda velocidad alrededor del agujero negro supermasivo de la Vía Láctea, completando una órbita ovalada en solo 16 años. En su acercamiento máximo a SgrA*, la estrella atraviesa el estrella a aproximadamente 25 millones de kilómetros por hora, o casi el tres por ciento de la velocidad de la luz.

«Estas cosas cambian en una vida humana», afirma Ghez. «Las constelaciones que observamos han sido las mismas durante toda la historia humana. Pero en el centro de la galaxia, como reina un campo gravitatorio tan intenso, las estrellas se mueven».

Como su órbita es ovalada, la S0-2 pasa de estar muy cerca a estar muy lejos del agujero negro central de la galaxia. Ghez y sus colegas querían estudiar el acercamiento máximo de la S0-2 a Sagitario A*, que se produjo en mayo del año pasado. Entre marzo y septiembre, el equipo tomó mediciones precisas del movimiento de la estrella por el espacio empleando una serie de telescopios en Chile y en el volcán hawaiano Mauna Kea.

«Hay que conocer la forma de la órbita de forma inequívoca», afirma Ghez. «En su máximo acercamiento, cuando la estrella experimenta el campo gravitatorio más intenso, es donde se puede poner a prueba la teoría de la relatividad general de Einstein».

Los científicos añadieron esos últimos datos a un conjunto de observaciones recopiladas desde 1995. La información combinada les permitió computar la órbita completa de la S0-2 en tres dimensiones.

La explicación sencilla es que, cuando la S0-2 está más cerca de SgrA*, el agujero negro actúa como un badén y ralentiza la luz de la estrella conforme se desplaza por el cosmos. El efecto se manifiesta en forma de estiramiento de la luz de la S0-2 hacia longitudes de onda más rojas y menos energéticas.

«Básicamente, el desplazamiento al rojo gravitatorio está codificado en la espectroscopia», explica Ghez, que indica que la luz de la estrella S0-2 se ralentiza unos 201 kilómetros por segundo, algo que predicen las ecuaciones de Einstein para un objeto con el peso gravitacional de SgrA*. Además, el trabajo determina con mayor precisión la masa y la distancia de SgrA*.

Los científicos ya habían puesto a prueba de esta forma la relatividad general. Los campos gravitatorios más débiles de nuestro propio sistema solar y en torno a los cadáveres giratorios de las estrellas, denominados púlsares, poseen el mismo efecto. Los satélites de posicionamiento global deben ajustarse continuamente por los efectos relativistas de la gravedad de la Tierra y, sin dichas correcciones, uno no podría desplazarse con una aplicación de mapas.

Asimismo, el equipo GRAVITY, con sede en el Instituto Max Planck de Física Extraterrestre de Alemania, ha estudiado durante décadas el centro de la galaxia y el año pasado, la colaboración anunció que había detectado ese mismo desplazamiento al rojo gravitatorio en la luz de la S0-2 descrito por el equipo de Ghez.

Las dos mediciones coinciden, lo que apunta a que la gravedad concuerda con la teoría de Einstein en lugar de con un modelo newtoniano, pero difieren en los detalles. Ghez sospecha que los errores sistemáticos provocados por el instrumental y los marcos de referencia explican las disparidades y, según ella, mientras los equipos siguen estudiando el centro galáctico, será cada vez más importante eliminar dichos errores.

Frank Eisenhauer, investigador principal de GRAVITY, afirma que es maravilloso ver nuevas mediciones independientes y la confirmación del desplazamiento al rojo gravitatorio. Para él, los resultados demuestran que la bestia supermasiva del centro de nuestra galaxia sigue siendo un punto importante para descifrar la física de los agujeros negros y la teoría de la gravedad.

«El futuro de la investigación del centro galáctico es muy prometedor», afirma.

Fuente: https://www.nationalgeographic.es/espacio/2019/07/agujero-negro-supermasivo-da-la-razon-einstein-relatividad-general

Cómo y cuándo ver el paso del cometa verde desde México

El cometa C/2022 E3 será visible en todo el mundo a finales de enero e inicios de febrero, cuando alcanzará su máximo acercamiento con la Tierra

Un cometa verde recorrerá el cielo nocturno en las últimas noches de enero y las primeras de febrero. Descubierto en marzo de 2022, el cometa nombrado científicamente C/2022 E3 (ZTF) es un viajero de largo alcance, cuya órbita alargada describe una elipse que se extiende hasta la nube de Oort, la región que marca los límites del Sistema solar, donde vagó en total oscuridad durante miles de años, antes de que la atracción gravitatoria impulsara su viaje de regreso a los mundos más cercanos al Sol.

El camino de los cometas hacia el Sistema solar interior implica abandonar la oscuridad helada de los confines de nuestro vecindario cósmico y aumentar su temperatura conforme se acercan al Sol. Entonces el calor sublima el hielo superficial y forma una nube que envuelve al núcleo (coma) y sobre todo, una cola característica que crece en sentido opuesto al Sol y puede extenderse por decenas de millones de kilómetros.

La coma y la cola distintiva de los cometas han sido claves para su identificación desde las civilizaciones antiguas, que relacionaban su dramática aparición en la bóveda celeste con presagios funestos que advertían de la llegada de guerras, sequías o hambrunas. Sin embargo, el largo andar del C/2022 E3 se remonta a una etapa anterior incluso a la expansión del Homo sapiens por la Tierra: hace unos 50.000 años, cuando el cometa verde asomó en los cielos de los mundos cálidos y rocosos de los planetas interiores del Sistema solar por última vez, los neandertales eran la especie humana dominante en Europa. De ahí que el paso del C/2022 E3 sea un evento irrepetible a escala humana.

¿Cuándo se verá el cometa verde en México?

El 12 de enero, C/2022 E3 alcanzó el punto de su órbita más cercano al Sol (perihelio). Desde entonces, la distancia entre el cometa y la Tierra se reduce día tras día hasta alcanzar su acercamiento máximo (perigeo) el 1 de febrero, cuando ambos estén separados únicamente por 42 millones de kilómetros, poco más de cien veces el promedio entre la Tierra y la Luna (y un cuarto de la distancia que separa al Sol de nuestro planeta). El mejor momento para ver al cometa verde va desde el fin de semana del 28 y 29 de enero hasta la noche del 2 de febrero, cuando comenzará a alejarse definitivamente hacia los confines del Sistema solar.

¿Cómo ubicar al cometa verde en el cielo nocturno y a qué hora observarlo?

El cometa C/2022 C3 alcanzará una magnitud aparente apenas superior a 5, de modo que será visible a ojo desnudo en zonas rurales alejadas de las grandes ciudades y por lo tanto, libres de contaminación lumínica. Para encontrarlo en la bóveda celeste basta mirar hacia el norte y ubicar la estrella Polar, la más brillante de la Osa Menor.

El cometa es visible durante toda la noche desde el hemisferio norte y durante los últimos días de enero parecerá girar en torno a la estrella Polar en dirección este-oeste. La noche de su máximo acercamiento, el 1 de febrero, el cometa aparecerá justo encima de la estrella Polar entre las 21.00 y las 23.00 horas, un momento idóneo para mirarlo con binoculares o un telescopio y captar con mayor detalle su paso más reciente por el cielo nocturno terrestre.

https://elpais.com/mexico/2023-01-28/como-y-cuando-ver-el-paso-del-cometa-verde-desde-mexico.html

Detectadas nuevas ondas gravitacionales resultantes del choque entre dos agujeros negros masivos

Los agujeros negros que colisionaron hace 3.000 años, más masivos de lo esperado, enviaron ondas gravitacionales que han atravesado la Tierra.

La danza de los agujeros negros

LIGO detectó las ondas a partir de la colisión más reciente de agujeros negros el pasado 4 de enero de 2017, unos 3.000 millones de años después de que tuviera lugar. Las ondas gravitacionales atravesaron la Tierra y sacudieron ligeramente series idénticas de láseres y espejos construidas en Hanford, Washington, y en Livingston, Luisiana.

Las ondas encogieron y expandieron el espacio en la Tierra el equivalente a una fracción de la anchura de un protón, una de las partículas que compone el núcleo de un átomo. Eso, obviamente, resulta imposible de percibir por parte de los humanos, pero los detectores de LIGO son tan sensibles que ni siquiera las perturbaciones más diminutas pueden escapar a sus láseres.

Tras un detenido análisis de la señal, el equipo encargado de LIGO determinó que se trataba de la huella de una colisión catastrófica entre dos agujeros negros, uno con una masa equivalente a casi 30 soles y otro con la masa de 19 soles.

Estos agujeros negros habían estado girando el uno en torno al otro durante eones, acercándose poco a poco en lo que se convertiría una espiral cósmica mortal. A medida que se aproximaban, radiaban energía en forma de ondas gravitacionales. Y cuando finalmente colisionaron y se fusionaron, liberaron todavía más energía, en esa misma forma.

El agujero negro único resultante de dicha espiral de furia cósmica conforma una masa de espacio-tiempo curvado y sin fondo equivalente a 50 soles, según informa el equipo de LIGO en la revista Physical Review Letters.

Más masivos de lo esperado

Las dos primeras detecciones gravitacionales de LIGO, en septiembre de 2015 y diciembre de 2015, también implicaron colisiones entre agujeros negros. En dos de los tres casos, los agujeros negros son increíblemente masivos en comparación con las expectativas de los astrofísicos.

Los resultados combinados revelan a los científicos que mucho de lo que creían saber sobre los agujeros negros estelares no es del todo acertado.

Los agujeros negros estelares son agujeros negros creados por la explosión y la muerte de estrellas con más masa que el Sol. Se podría pensar ingenuamente que cuanto más grande sea la estrella, más grande será el agujero negro. Pero la astrofísica no funciona necesariamente de esa manera.

En su lugar, cuanto más grande sea la estrella, más tempestuosa será, y sus fuertes vientos estelares envían ráfagas de materia al espacio durante el transcurso de la vida de dicha estrella. Cuando la estrella muere, ya ha perdido gran parte de su masa, por lo que finalmente se convierte en un agujero negro relativamente pequeño. STEINN SIGURDSSON

Durante décadas, las teorías y la observación sugerían que los agujeros negros estelares no podían exceder las 10 masas solares, según explica Steinn Sigurdsson, de la Universidad Estatal de Pensilvania. Pero LIGO está revelando múltiples agujeros negros con una masa significativamente superior al límite que se asumía previamente, aunque son considerablemente inferiores a los enormes gigantes que viven en los corazones de las galaxias.

«Antes de nuestros descubrimientos, ni siquiera sabíamos a ciencia cierta que estos agujeros negros existían», nos cuenta Laura Cadonati, del Instituto de Tecnología de Georgia, que forma parte del equipo de LIGO. Ahora, los astrofísicos tendrán que devanarse los sesos para explicar cómo se formaron estos extraños cuerpos.

«Tenemos que averiguar una forma de explicar lo masivos que son», afirma Haggard. «Esto ya supuso un dilema en el primer descubrimiento, debido a los agujeros negros con una masa de 30 soles. No teníamos modelos que lo descartasen totalmente, pero son algo sorprendente. Estos [agujeros negros recién descubiertos] son extremadamente masivos».

Una de las explicaciones para estos agujeros negros sugiere que sus enormes estrellas originarias estaban hechas en un principio de hidrógeno y helio, que resultan en vientos menos tempestuosos y por tanto en una pérdida de masa mucho menor. Cuando estas estrellas murieron, mucha más masa acabó colapsando y formando este agujero negro.

Estrellas como estas eran comunes en los cúmulos globulares, o agrupaciones densas de estrellas extremadamente viejas que orbitan alrededor de las galaxias, incluyendo la nuestra.

Teorías de origen enfrentadas

Otra línea de pruebas de LIGO apoyaría la idea de que los cúmulos globulares tendrían un papel en la saga de dúos de agujeros negros masivos.

A partir de las señales de ondas gravitacionales, el equipo de LIGO podría deducir varias características de los agujeros negros antes de que se fusionaran, incluyendo la dirección en la que giraban y la orientación de sus ejes de rotación. Basándose en dicha información, Cadonati afirma que parece que la colisión habría tenido lugar dentro de un cúmulo globular.

Una de las teorías acerca del origen de los agujeros negros binarios implica que una pareja de estrellas hermanas masivas orbiten una alrededor de la otra. Cuando dichas estrellas mueren, sus «cadáveres» seguirían en esa danza giratoria, lo que suele dar como resultado una pareja de agujeros negros con giros y orientaciones similares.

Sin embargo, los datos más recientes de LIGO sugieren que los antiguos agujeros negros no tendrían giros totalmente alineados. Sería posible que estos agujeros negros se hubieran formado por separado dentro de un cúmulo globular. A continuación, se habrían desplazado hacia el centro del cúmulo, donde finalmente acabaron en una espiral giratoria.

Fuente: https://www.nationalgeographic.es/espacio/2017/06/detectadas-nuevas-ondas-gravitacionales-resultantes-del-choque-entre-dos-agujeros-negros-masivos

Constelación Apus

La constelación Apus es una constelación austral (situada en el hemisferio sur) que representa el Ave del Paraíso.

Dado que es una constelación situada en el hemisferio sur, no era una constelación conocida por los astrónomos de la Antigua Grecia y, por lo tanto, no aparece en el catálogo de las 48 constelaciones de Ptolomeo.

La constelación fue descrita por primera vez por parte de los navegantes europeos que llegaron a latitudes desde las cuales podían ver estas estrellas. Aparece documentada por primera vez por el astrónomo flamenco Petrus Plancius, que se basó en las observaciones de los exploradores Pieter Dirkszoon Keyser y Frederick de Houtman. El astrónomo Johann Bayer la incluyó en 1603 en su atlas estelar titulado Uranometria.

La palabra Apus proviene del griego y significa “sin pies”. Esto hacía referencia a las aves del paraíso, una especie de aves presentes en Oceanía de las que antiguamente se creía que no tenían pies.

La constelación Apus es relativamente pequeña y ocupa la posición 67 entre las 88 constelaciones principales si se ordenan por tamaño de mayor a menor. En total, ocupa un área de 206 grados cuadrados.

Esta constelación se encuentra en el tercer cuadrante del hemisferio sur y solo es visible desde latitudes inferiores a los 7 grados norte. Sus constelaciones colindantes son el Altar, el Camaleón, el Compás, la Mosca, el Octante, el Pavo y el Triángulo Austral.

Origen de la constelación

El nombre original que utilizó Petrus Plancius para esta constelación fue Paradysvogel Apis Indica. El cartógrafo germánico Johann Bayer la llamó simplemente Apis Indica cuando publicó su atlas estelar titulado Uranometria. Otros astrónomos, como Johannes Kepler, la conocían con el nombre Avis Indica.

Más tarde, el nombre Apus (sin pies en griego) se extendió porque existía la creencia de que este tipo de ave, conocida como ave del paraíso, no tenía pies. Este tipo de ejemplares llegaron a Europa a partir del siglo XVI gracias a las expediciones de Fernando de Magallanes.

En 1750 la constelación fue ligeramente modificada cuando Nicolas-Louis de Lacaille la dividió en dos para definir la constelación conocida actualmente como el Octante.

Debido al origen relativamente moderno de esta constelación no existe un significado mitológico que explique su origen.

Estrellas de la constelación Apus

Existen doce estrellas en la constelación de Apus que siguen la denominación de Bayer, de Alpha Apodis a Kappa Apodis. En total, esta constelación contiene 39 estrellas con una magnitud aparente inferior a 6.5 y que, por lo tanto, pueden verse a simple vista.

Alpha Apodis es la estrella más brillante de la constelación con una magnitud aparente de 3.83. Es una estrella gigante situada a aproximadamente 430 años luz del sistema solar.

Las estrellas Beta Apodis, Gamma Apodis y Delta Apodis forman un pequeño triángulo en la parte oeste de la constelación. La más brillante entre ellas es Gamma Apodis (γ Aps), con una magnitud aparente de 3.86. Beta Apodis es la tercera estrella más brillante de Apus y tiene una magnitud aparente de 4.23. Delta Apodis son en realidad dos estrellas que aparecen juntas desde nuestra perspectiva: Apodis, una gigante roja, y Apodis, una gigante naranja.

La quinta estrella más brillante de esta constelación es Zeta Apodis. Esta es una estrella gigante con una magnitud aparente de 4.78. A continuación viene Eta Apodis,  con una magnitud aparente de 4.9.

Épsilon Apodis es la séptima estrella más brillante de Apus. Es una estrella blanco-azulada situada a 638 años luz de la Tierra y tiene una magnitud aparente de 5.05.

Todas las estrellas restantes de esta constelación tienen magnitudes aparentes superiores a 5.

En la constelación de Apus se han descubierto dos sistemas estelares con exoplanetas. Uno de ellos orbita alrededor de la estrella HD 137388, una estrella situada a 128 años luz de la Tierra. Según las estimaciones actuales este planeta tendría una masa aproximadamente igual al 20% de la masa de Júpiter.

También se han descubierto tres planetas orbitando la estrella HD 134606. Esta estrella tiene una magnitud aparente de 6.86 y, por lo tanto, no puede verse a simple vista. En 2011 se descubrió un sistema planetario formado por tres planetas alrededor de esta estrella, todos ellos en órbitas moderadamente excéntricas con una masa de entre 10 y 30 veces la masa de la Tierra.

Por último, en 2008 se descubrió un posible planeta alrededor de la estrella HD 131664, una estrella similar al Sol. Finalmente, con mediciones más exactas pudo determinarse que se trataba de una enana marrón. Este objeto tiene un masa estimada igual a 18 veces la masas de Júpiter.

Objetos del espacio profundo en Apus

Entre los objetos del espacio profundo en la constelación de Apus destacan dos cúmulos globulares. Estos cúmulos son conjuntos de estrellas orbitando alrededor de una galaxia.

Estos dos objetos se conocen como NGC 6101 y IC 4499. NGC 6101 tiene una magnitud aparente de 9 y una de sus características más importantes es que parece contener un gran número de agujeros negros. El cúmulo IC 4499 tiene una magnitud aparente de 9.76 y se encuentra a más de 50000 años luz del sistema solar.

Las galaxias situadas en esta constelación tiene un brillo muy bajo y son difíciles de ver. Entre ellas, las más brillantes son la IC 4633, IC 4635 y NGC 6392. También son conocidas la galaxia espiral NGC 5612 y la galaxia lenticular NGC 5799.

Fuente: https://www.planetario.net/constelacion-apus/

El cielo se queda sin estrellas: la luz artificial que impide verlas se duplica en 10 años

«Que se quede el infinito sin estrellas», entonaban allá por 1964 Los Panchos, a quienes solo interesaban el negro de los ojos y el canela de la piel de la destinataria de su canción. Casi seis décadas después, los astros siguen ahí, poblando el universo, pero cada vez es más difícil contemplarlos a causa del incremento de luz artificial por las noches, mucho mayor de lo imaginado. 

Así lo demuestra un macroestudio sobre contaminación lumínica publicado este jueves en la revista Science, que recoge las observaciones realizadas por ciudadanos de todo el mundo en los últimos 12 años, entre 2011 y 2022. El brillo del cielo ha aumentado un 9,6% de promedio anual, mucho más que lo medido por los satélites.

Para ponerlo en perspectiva, el estudio explica que, la contaminación lumínica es tal que un niño nacido en una zona donde se veían 250 estrellas probablemente vería menos de 100 en el mismo lugar 18 años después.

Desde hace años, en muchos lugares habitados de la Tierra, el cielo nocturno no llega a oscurecerse del todo porque, en su lugar, un crepúsculo artificial causado por la dispersión de luz antropogénica en la atmósfera lo impide. Este tipo de contaminación lumínica, denominada skyglow, no solo impide ver las estrellas, sino que también tiene un preocupante impacto ambiental.

Sin embargo, resulta difícil calcular con exactitud cómo y cuánto ha crecido la luz artificial, principalmente, porque los satélites no detectan las emisiones azules de las luces LED que en los últimos años se han impuesto en todo tipo de iluminación, especialmente en el alumbrado público.

Además, los satélites son sensibles a la luz que se dirige hacia el cielo, pero tampoco captan las luces que se emiten horizontalmente, como los anuncios y la iluminación en las fachadas, que son las que contribuyen más al skyglow.

«Una red global de sensores»

Para saber hasta qué punto la contaminación lumínica está impidiendo la visión de las estrellas, Christopher Kyba, del Centro Alemán de Investigación en Geociencias (GFZ) y la Ruhr-Universität Bochum, junto a científicos del centro de investigación para la astronomía óptica NOIRlab (EE UU) analizaron 51.351 observaciones hechas por ciudadanos entre 2011 y 2022.

https://www.20minutos.es/noticia/5093849/0/la-luz-artificial-que-impide-ver-las-estrellas-se-duplica-en-menos-de-10-anos/